Palacio de las Dueñas

 

Un poco de historia

El Palacio de las Dueñas –declarado Bien de Interés Cultural en 1931– se construyó en los siglos XV y XVI en estilo gótico-mudéjar, con elementos renacentistas.

Reformado durante los siglos XVIII, XIX y primera parte del XX, el edificio con sus patios –excelente ejemplo de la arquitectura nobiliaria de la ciudad– muestra, sin embargo, las señas de identidad de las construcciones tradicionales y populares de Sevilla: ladrillo y albero, azulejo y cerámica, tejas, rejas y encalado de los muros.

El Palacio de las Dueñas pertenece a la Casa se Alba. Pero no siempre fue así. De hecho lo edificó la familia Pineda, que lo tuvo que vender en 1484 –contrato de compraventa por 375.000 maravedís de 20 de febrero de 1496– a Catalina de Ribera para poder pagar el rescate de Juan de Pineda, hecho prisionero por los hispanomusulmanes durante la reconquista de Málaga.

En esa época, tanto el Palacio de las Dueñas como la Casa de Pilatos eran propiedad de los Ribera y, según la documentación histórica, en ambos palacios trabajaron los mismos alarifes, que también intervinieron en el Alcázar de Sevilla.

Persisten restos de la primitiva solería de la Casa de los Pineda en el Patio del Aceite. Del palacio de Catalina de Ribera han llegado a la actualidad algunos de los techos labrados entre 1496 y 1505.

El inmueble pasó a ser propiedad de la Casa de Alba en 1612, tras el matrimonio de la marquesa Antonia Enríquez de Ribera con Fernando Álvarez de Toledo, duque de Alba.

Desde aquella fecha el palacio pertenece a la Casa de Alba y debe su nombre al desaparecido monasterio de Santa María de las Dueñas, ubicado en el solar colindante y demolido en 1868.

Durante el siglo XX, las Dueñas ha acogido a miembros de las dinastías europeas –desde la Emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, hasta los reyes Eduardo VIII y Alfonso XIII– y a personajes del mundo de la cultura, de la política, del cine, de los toros o del flamenco, desde Grace Kelly a Enrique el Cojo, desde Jacqueline Kennedy a Curro Romero.

Pero será una voz –la de Antonio Machado– la que refleje la esencia más profunda del palacio:

Mi infancia son recuerdos de un patio de Sevilla
y un huerto claro donde madura el limonero…
(Campos de Castilla,1912)

En las Dueñas transcurrieron los primeros años de vida de Antonio Machado pues su padre era el administrador de la Casa de Alba a finales del siglo XIX, cuando se convierte parcialmente en casa de vecinos y se alquilan sus estancias como viviendas. Aquí nació en poeta en 1875:

Es esta luz de Sevilla... Es el palacio donde nací,
con su rumor de fuente
(Nuevas Canciones, 1924)

El Ayuntamiento de Sevilla de 1985 le dedica una placa en la que inscribe: “En una vivienda de este palacio nació el 26 de Julio de 1875 el poeta Antonio Machado. Aquí conoció la luz, el huerto claro, la fuente y el limonero.”

En 2016, tras la muerte de la duquesa Cayetana de Alba, con el nuevo duque de Alba Carlos Fitz James Stuart, el Palacio de las Dueñas abre sus puertas al público.

 

 

Patios y jardines

La entrada al Palacio de las Dueñas se realiza por una puerta enmarcada por un arco neoclásico coronado por un frontón triangular con –en azulejos de Triana del siglo XVII o XVIII– el escudo del ducado de Alba.

En la propia calle el Ayuntamiento de Sevilla recuerda, en cerámica, que aquí nació el poeta Antonio Machado.

Tras entrar por la portada coronada con el escudo ducal, nos encontramos en el Patio de Acceso desde el cual podemos atravesar el Apeadero y acceder al Patio Principal, que está comunicado con el resto de estancias palaciegas mediante cancelas y grandes puertas de madera.

Desde la galería de este patio se accede:

v Al Patio de los Limoneros que comunica, por un lado con las Caballerizas y, por otro, con el Jardín de la Alberca.

v A la Escalera Principal, Salón de la Gitana, Salón Cuadrado, Antecapilla, Salón de Carteles, Capilla, Tablao y Salón de Lectura.

v Al Patio del Aceite, que comunica con el Jardín de Santa Justa, desde el cual se retorna al Patio de Acceso

 

 

Patio de Acceso

Estructurado mediante dos grandes parterres delimitados por setos de mirto, impregnado de tonalidades amarillentas que le proporciona el albero, el patio se presenta como un huerto de naranjos bajo los cuales prolifera un manto florido de rosales, jazmines del príncipe y crisantemos de colores variados, con algunas cañas de Indias. En los arriates periféricos se encuentran dos calamondines. Un par de palmeras canarias y un par de jacarandas no ocultan la espectacular fachada del Palacio cubierta por una vegetación multicolor.

Las paredes exteriores del palacio y las de los patios se presentan cubiertas por buganvillas, rosales trepadores, madreselvas, celestinas, pacíficos… Forman un espectacular tapiz de colores vivos y variados.

 

 

Patio Principal

Reestructurado a principios del siglo XX, con fuente central escoltada por calas, la galería con yeserías delimita un espacio estructurado en cuatro cuadrantes en los que, delimitados por setos de mirto, proliferan rosales, hortensias y geranios multicolores, jacobinias, vincas y clavellinas, con aspidistras, ruscos y helechos en macetas, con palmeras datileras y una especie singular: el laurel de California (Umbelluraria californica), árbol perennifolio originario de Norteamérica, único ejemplar en Sevilla.

Además, el patio está ennoblecido esculturas y restos arqueológicos, con tres obras en bronce del escultor sevillano Antonio Susillo (1857-1896): Vaso sustentado por dos figuras masculinas, Vaso sustentado por una mujer y un niño y Hombre sustentando un ánfora con la ayuda de una mujer.

 

 

Jardín de los Limoneros

El jardín dividido en parterres con setos de boj y caminos de albero con arcos de tuyas enmarcándolos, presenta una agradable fuente central y dos palmeras datileras.

Se presenta como un huerto de limoneros, naranjos, calamondines y pomelos, con rosales multicolores, hortensias y clivias a los pies, con un laurel y un mirto de gran porte. Buganvillas y parras vírgenes trepan por los muros y, junto a las paredes, crecen lantanas, margaritas amarillas, boneteros, nandinas, un trompetero, un senecio, un ciprés y orejas de elefante.

 

 

Patio de la Alberca

En este jardín –al que se accede a través de un pequeño cenador cubierto de rosales– aparece un gran árbol de las lianas y un árbol del amor junto a la alberca y, en la parte más alta, un elevado almez y una casuarina acompañados por bambúes. Capuchinas y macetas con clivias y flores de lis decoran este pequeño espacio.

La alberca continua con el Jardín Posterior, al que no hay acceso público.

 

 

Patio del Aceite

El patio recibe su nombre por las grandes tinajas de aceite que albergaba en épocas pasadas.

Paredes tapizadas por hibiscos, alteas y aspidistras en macetas embellecen un patio en el que una palmera canaria y una cicas acompañan a una washingtonia de tronco grueso y washingtonia una de tronco fino que se elevan con toda su elegancia.

 

 

Jardín de Santa Justa

Así llamado por la representación cerámica de Santa Justa y Santa Rufina en una de sus paredes, el jardín presenta dos niveles.

En la parte más baja se desarrolla un peral, rodeado de acantos, con orejas de elefantes y costillas de Adán, bambúes, grandes cactus y un ave del paraíso gigante. En la zona más elevada, crece una palmera de la suerte, un ciprés, un braquichito y una gran melia.

Hiedras trepando por las paredes, jazmines amarillos, tomatitos de Jerusalén y numerosas cintas ornamentan este espacio.