Jardines de la Maestranza o de la Caridad

 

Jardines de la Maestranza, Jardines de la Caridad

Los Jardines de la Caridad, también conocidos como Jardines de la Maestranza, se encuentran situados junto al Teatro de la Maestranza, frente al Hospital de la Caridad, en el Paseo Colón.

En 1990 la Diputación de Sevilla adquirió el espacio ajardinado que existía en la zona y lo remodeló totalmente para que crear los Jardines de la Caridad en el nuevo entorno generado por la construcción del teatro de la Maestranza. Los jardines fueron inaugurados en 1992.

Tras la Exposición Universal del 92 se cierran los jardines varios años durante los cuales no podían ser visitados, convirtiéndose en refugio de indigentes y grupos marginales.

En 2004 la Diputación provincial cede el uso de los jardines al Ayuntamiento de la ciudad durante un plazo de 75 años. El Ayuntamiento asume el mantenimiento de los jardines para que estos estén abiertos al público.

Actualmente en los 2.800 m2 de superficie que presentan estos jardines crecen una treintena de especies diferentes, entre las que destaca el ceibo o árbol del coral.

En los jardines, frente a la puerta del Hospital, se encuentra una escultura obra póstuma de Antonio Susillo de Miguel Mañara con un enfermo en los brazos.

A finales del siglo XIX la Hermandad de la Santa Caridad encargó a Antonio Susillo una escultura del fundador del Hospital. En 1896 año en que se suicidó Susillo tenía terminado el molde en barro, y tras su muerte la figura fue fundida en bronce. El monumento se inauguró en 1902.

Al lado del Teatro de la Maestranza, frente a uno de los accesos a los jardines, se levanta la escultura de Rolando Campos a Wolfgang Amadeus Mozart, que inclinado sobre una silla sostiene violín, pluma y partitura. La escultura inaugurada en 1991 se colocó originalmente en el Paseo Colón, pero en 2004 se trasladó al emplazamiento actual.

 

 

 

La Caridad y Miguel Mañara

El Jardín de la Caridad nos traslada, irremisiblemente, a Miguel Mañara y a su obra: el Hospital de la Caridad.

Historias, tradiciones, mitos y leyendas se entrelazan y funden en Mañara, caballero rico e ilustre nacido en el elegante palacio de la calle Levíes, Barrio de San Bartolomé. Cuentan que Miguel Mañara Vicentelo de Leca, Caballero de Calatrava, era arriesgado y valiente, afortunado en amores, soberbio, hábil con la espada; bebía la vida a borbotones. Un día, en un sueño sueño celestial vio pasar un ataúd y, al observar su contenido, encontró su propio rostro. Tenía treinta y tantos años; lo dejó todo e ingresó en la Hermandad de la Santa Caridad para dedicar el resto de su vida a socorrer con sus manos, con sus propias manos a los más pobres, a los mendigos, a los ancianos, a los enfermos. Abandonó su palacio y se instaló en unas humildes habitaciones del Hospital; se desprendió del oro y se sumergió en la miseria para ayudar a los desheredados de la tierra.

Y sin embargo, el Venerable Siervo de Dios Miguel Mañara ha inspirado el mito de don Juan, y el de la beatitud.

Aunque resulta imposible que la figura de don Juan esté inspirada en Miguel Mañara pues los primeros textos literarios sobre don Juan El burlador de Sevilla y convidado de piedra de Tirso de Molina aparecen en 1630 cuando Mañara tenía 4 años, muchos escritores especialmente franceses identificaron la juventud de Mañara con el mítico don Juan.

Gran parte del mito donjuanesco de Mañara fue provocado por la inscripción que él mismo mandó hacer sobre su lápida: “Aquí yacen las cenizas y los huesos del peor hombre del mundo”.

Lo cierto es que Mañara, caballero rico y poderoso, tras la muerte de su esposa, solicita ingresar en la Hermandad de la Santa Caridad, que había sido fundada en 1578 para dar sepultura a los ajusticiados y a los ahogados que nadie reclamaba. Tras superar los recelos que en los hermanos de la Caridad despertó tan insólita petición, Mañara fue admitido y, posteriormente, elegido Hermano Mayor de la institución. Miguel Mañara la transformó en hospicio y hospital de los más necesitados; construyó para ellos el Hospital de la Caridad al que llamó Casa de los Pobres, escala para subir al Cielo y su iglesia, que ornamentó con obras de los mejores artistas sevillanos del siglo XVII: Murillo, Valdés Leal, Pedro Roldán.

Es posible que las historias sobre los primeros años de Mañara pertenezcan más al mundo de la leyenda que al real. Poco importa. Mañara representa una Sevilla contradictoria, capaz de lo peor y de lo mejor, profunda y mágica.

El Hospital de la Caridad con su elegantísimo patio que da acceso a una iglesia que alberga una riqueza artística indescriptible constituye uno de los lugares más hermosos de Sevilla. Un lugar mágico, porque en la Caridad, según consta en las inscripciones y archivos de la institución, siguen floreciendo los rosales que, en macetas, plantó Miguel Mañara en 1670:

Don Miguel Mañara Vicentelo de Leca, plantó estos rosales, que ni se secan, ni se marchitan; antes bien, renacen constantemente de sí mismos, sin que sus hojas pierdan su frescura y su lozanía, ni sus flores dejen de exhalar sus aromas.