Casa de Pilatos

 

Un poco de historia

La Casa de Pilatos –históricamente Palacio de los Adelantados Mayores de Andalucía, Palacio del Marqués de Tarifa o Casa de los Duques de Alcalá– es desde el siglo XVII Palacio de los Duques de Medinaceli.

La Casa de Pilatos es un palacio en el que existe un delicado equilibrio de influencia mudéjar y renacentista.

Declarado Monumento Nacional en 1931, el palacio fue construido esencialmente a finales del siglo XV y durante el XVI (entre 1483 y 1571) por Catalina de Ribera, su hijo Fadrique Enríquez de Ribera y su nieto Per Afán de Ribera.

La construcción, que comienza casi un década antes de la conquista de Granada y el Descubrimiento de América, se desarrolla durante el periodo de máxima actividad económica y comercial de la ciudad de Sevilla.

 

Catalina de Ribera y el Adelantado Mayor de Andalucía

La construcción de la Casa de Pilatos comenzó a finales del siglo XV: en 1483, Pedro Enríquez, Adelantado Mayor de Andalucía, y su esposa Catalina de Ribera compran la finca principal sobre la que edificar su nueva residencia por 320.000 maravedíes a Luis de Mesa (que había recibido la propiedad tras ser confiscada por la Inquisición a Pedro López, judío converso, victima de la represión desencadenada en 1481). Posteriormente adquieren inmuebles colindantes para ampliar el palacio.

En 1491 –tras derribar los edificios preexistentes– ya se había levantado el nuevo edificio, perfectamente habitable.

Parte de la finca adquirida no se incorpora al palacio, sino que se crea una plaza (que dará lugar a la actual Plaza Pilatos) con un pilar de aguas y ciertas casas.

La plaza era propiedad particular –podía ser cerrada para mantener la seguridad del palacio, lo que permitía que el edificio no tuviera que tener estructura fortificada– y actuaba de zona de transición y control entre el espacio publico de la ciudad y el privado de la residencia, permitiendo durante siglos que se celebraran espectáculos taurinos y ecuestres que los nobles podían contemplar desde la seguridad de su mansión. Además, la construcción de plazas nobiliarias marca la primera ruptura con la tradición islámica –palacios inmersos en la trama urbana cuyas fachadas son simples cerramientos que ocultan la riqueza que contienen– pues al generar el nuevo espacio se puede contemplar la fachada de palacio con los escudos heráldicos que indican el alto linaje de sus propietarios.

Durante el periodo de viudedad de Catalina de Ribera –Pedro Enríquez muere en 1492– el proceso de construcción continua, se incorpora un horno de pan perteneciente al monasterio de San Agustín, se realizan importantes labores decorativas y se edifica la capilla de la Flagelación.

La construcción –como era habitual en Sevilla durante las ultimas décadas del siglo XV– fue realizada por alarifes cristianos y mudéjares, que trabajaban conjuntamente. La admiración de los modelos arquitectónicos de estilo islámico –y especialmente la importantísima influencia que ejercía el Alcázar– imponían un estilo mudéjar en la edificación. De hecho, en la obra participaron el antiguo esclavo islámico Francisco Fernández (maestro mayor del Alcázar durante los años 1502-1535) y el esclavo Juan de Limpias (maestro mayor de carpintería del recinto real entre 1479 y 1506).

Siguiendo la estética y concepción de la vivienda andalusí, la Casa de Pilatos aún se construye manteniendo su privacidad, con una sencilla puerta de entrada y un pasillo en recodo que no permitiría vislumbrar su interior.

A diferencia de las construcciones islámicas y en claro paralelismo con el Alcázar de Sevilla, el edificio presentaba dos plantas que permitían un cambio de habitabilidad a lo largo del año: la planta alta (palacio de invierno), menos húmeda y más soleada, estaba cubierta de tapices y alfombras; la planta baja (palacio de verano), más fresca, estaba revestida de azulejos.

El patio principal –edificado en 1490– presentaba planta rectangular y estaba abierto en su flanco este (zona en la que don Fadrique levantaría el salón del Pretorio). En aquella época, las paredes del patio estaban pintadas, las galerías de ambos pisos estaban sostenidas, probablemente, por pilares de ladrillo una fuente ocupaba el centro del patio cuya solería estaba formada por losetas de cerámica, y, probablemente, existían algunos arriates con diferentes especies vegetales.

La Capilla de la Flagelación –la estancia más antigua del palacio– conserva la ornamentación original desde que fue construida por Catalina de Ribera. Con una cúpula recorrida por prominentes nervios que muestran su estilo gótico, mantiene las puertas originales del siglo XV, en madera policromada con las armas de los Enríquez y de los Sotomayor. Su nombre alude a la columna de mármol instalada posteriormente, evocación de la que conoció don Fadrique en Jerusalén y que, según la leyenda, sostuvo a Cristo durante el martirio.

La techumbre de madera del piso bajo (artesonado mudéjar que se conserva en el Gabinete de Pilatos) a modo de cielo estrellado, también se realizó en vida de Catalina de Ribera.

Así pues, durante el periodo constructivo de Catalina de Ribera, 1483-1505, se levanta un edificio con un fuerte carácter mudéjar –decorado con yeserías con motivos geométricos y vegetales, inscripciones árabes y paños de cerámica en algunos muros– pero también con influencia gótica, tal y como se pone de manifiesto en la capilla edificada en aquella época.

 

Fadrique Enríquez de Ribera, Primer Marqués de Tarifa

Tras la muerte de Catalina de Ribera en 1505, su hijo y heredero Fadrique Enríquez de Ribera (Primer Marqués de Tarifa) decide –tras realizar un viaje por Europa y Jerusalén durante los años 1518-1520– ampliar y remodelar la casa al estilo renacentista, incorporando la artesanía mudéjar de la ciudad.

En 1525 el Primer Marqués de Tarifa compra una serie de columnas de mármol procedentes de Italia para proporcionar un nuevo estilo al patio principal y sus galerías. Se producen numerosos encargos a los talleres de Italia, entre ellos los sepulcros en mármol para sus antepasados (que serán instalados en el Monasterio de la Cartuja).

En el marco de esta gran reforma renacentista, sustituye la fuente mudéjar central del patio principal por una fuente italiana (posiblemente rematada por un sátiro que, tras perderse, fue sustituido por un Jano bifronte) en la que la caída del agua se produce desde un nivel más alto, más evidente y llamativo que en la fuente primitiva, en la que el agua fluía de forma más discreta e íntima. También encargó a los talleres de Italia una fuente renacentista, que sería posteriormente instalada en el Jardín Grande.

En 1528, para sustituir la modesta puerta mudéjar (claro exponente del espíritu islámico de no manifestar la riqueza externamente) y abrir el palacio al exterior manifestando su grandiosidad (asumiendo las nuevas concepciones renacentistas) encarga la monumental portada genovesa en mármol a Antonio María Aprile da Carona, que será colocada en 1533.

En esta época se construye el Salón del Pretorio en el lado abierto del Patio Principal, que adopta forma cuadrada. El salón –cuyo nombre evoca el Palacio de Pilatos en Jerusalén– presenta una decoración espectacular que ha llegado a nuestros días: impresionantes zócalos de azulejos, artesonados con los escudos heráldicos de la saga familiar (construidos en 1536 por el carpintero Andrés Juara), puertas de madera de taracea y yeserías con ornamentación islámica. Junto al Salón de Pretorio, se edifica el Salón Dorado, así llamado por el color con el que se policromó el techo mudéjar que presenta. Además se amplia y concluye la planta superior. Y se adquirieron nuevos solares.

En 1538 Diego Rodríguez, con cerámica trianera de los hermanos Pulido y cúpula (media naranja dorada inspirada en la del Salón de Embajadores del Alcázar) del carpintero Cristóbal Sánchez, levanta la monumental escalera principal.

Las paredes se decoran con pinturas al fresco con motivos mitológicos o personajes históricos: las que decoran la galería superior (Horacio, Virgilio y Homero, entre otros) y las del Salón de los Frescos, fueron realizadas en 1539. Y, gran parte de la planta baja se reviste con azulejos.

A la vez que se produce esta transformación renacentista, dado el enorme prestigio del que gozaba la ornamentación mudéjar, se realizan nuevas inscripciones árabes en el palacio. Unas correctamente escritas, pero otras carentes de significado lingüístico pues sólo imitaban la estética de los modelos anteriores. Lógicamente también se realizan inscripciones latinas como las que figuran en la puerta mudéjar del Salón de Pretorio.

En aquel momento, el Palacio –con sus yesería, pinturas al fresco, paños de cerámica y tapices– debía aparecer como un universo deslumbrante por la extraordinaria policromía que presentaban sus paredes.

La huerta –término que en aquella época se aplicaba indistintamente a huerta y a jardín– se extendía por el espacio que actualmente ocupa el Jardín Grande. Aunque tendría un carácter productivo, posiblemente con árboles frutales, debió presentar un cierto ajardinamiento y tratamiento arquitectónico.

Las obras realizadas tuvieron una profunda influencia en la ciudad pues se desarrolló el comercio de mármoles con Italia: los palacios de Sevilla incorporaron el estilo renacentista en su estructura y ornamentación.

 

Per Afán de Ribera, Primer Duque de Alcalá

Tras la muerte de Fadrique Enríquez en 1539 –que carecía de hijos legítimos– el palacio es heredado por su sobrino Per Afán de Ribera, primer duque de Alcalá, nombrado virrey de Nápoles por Felipe II. El virrey adquiere durante su mandato (1558-1571) una excelente colección de esculturas clásicas de época romana que, compradas a coleccionistas o encontradas en las excavaciones realizadas, envía a Sevilla.

Para remodelar el palacio siguiendo cánones renacentistas y ornamentarlo con las esculturas que había adquirido, Per Afán de Ribera contrató al arquitecto italiano Benvenuto Tortello, quien transforma en 1568-1571 la antigua huerta en un jardín de esculturas de aire renacentista. Tortello construye un nuevo palacio con dos logias de altura doble y una de altura simple en el Jardín Grande, con hornacinas y nichos para exponer la colección de esculturas y piezas arqueológicas. Dispone una ninfa dormida o Venus –escultura en mármol del siglo XVI– en una gruta manierista decorada con rocalla, y coloca en el centro del jardín una fuente de mármol procedente del taller de los Aprile. También remodela la logia del Jardín Chico.

El primer duque de Alcalá había encargado al escultor Giuliano Menichini la restauración de las esculturas clásicas adquiridas en Italia, casi un centenar de tallas marmóreas de época romana y algunas copias renacentistas de esculturas grecolatinas que se dispusieron, siguiendo las ideas renacentistas, en el propio marco arquitectónico del edificio, expuestas muchas de ellas directamente a la intemperie.

El Jardín Grande, posiblemente estructurado mediante setos de mirto recortados, se convirtió en Jardín Arqueológico poblado por una valiosa galería de esculturas clásicas (la mayor parte de las cuales no han llegado a la actualidad).

Aunque toda la estructura y ornamentación del jardín presenta un claro estilo renacentista, el jardín mantiene su carácter oculto pues sus logias miran hacia el interior, y no al exterior como es habitual en la construcciones renacentistas. Es decir, persiste la tradición mudéjar del espacio cerrado e íntimo.

El nuevo conjunto, que recibió el nombre de Palacio del duque de Alcalá, no pudo ser disfrutado por Per Afán de Ribera pues murió en Nápoles cuando estaban finalizando las obras.

Tras está transformación renacentista, la Casa de Pilatos quedó configurada en sus aspectos fundamentales: una construcción renacentista que incorpora la tradición mudéjar.

 

 

Fernando Enríquez de Ribera, Tercer Duque de Alcalá

Tras la muerte sin descendencia legítima de Per Afán de Ribera en 1571, le sucede su hermano Fernando Enríquez de Ribera que, al tener su residencia en el Palacio de la Dueñas, alquiló la Casa de Pilatos al canónigo Lorenzo de Ortega.

Su nieto, que también se llamaba Fernando Enríquez de Ribera, tercer duque de Alcalá, abandona el Palacio de las Dueñas (que será ocupado por sus tíos los Marqueses de Villanueva del Río) para vivir en 1594 con su madre en la Casa de Pilatos.

El tercer duque de Alcalá, que posteriormente sería nombrado virrey de Nápoles, emprende una serie de reformas en 1603-1617: Juan de Oviedo levanta la logia en el piso alto de la fachada principal mirando a la plaza y remodela las estancias en la planta alta cuyos techos serán decorados por Francisco Pacheco que, maestro y suegro de Diego Velázquez, pinta en 1603 la Apoteosis de Hércules en el techo de uno de los salones de la planta alta. Además adquiere diferentes obras pictóricas, entre ellas Magdalena Ventura con su marido (La mujer barbuda) pintada por José de Ribera, depositada actualmente en el Museo del Prado (aunque se expone una copia en la sala situada junto al Gabinete de Pilatos). En 1630 encargó a los canteros Ferrero y Correa colocar en la fachada una hornacina y una cruz con mármoles multicolores, que indicaban el inicio del vía crucis.

 

Pilatos, propiedad de los Medinaceli

El tercer duque de Alcalá murió en 1637 y dado que su hijo primogénito había muerto, la Casa de Pilatos es heredada por su sobrina Ana Enríquez. El casamiento del VII Duque de Medinaceli con Ana María Luisa Enríquez de Ribera, permite que la Casa Ducal de Medinaceli incorpore el patrimonio de los Ribera. Así pues, a mediados del siglo XVII, la Casa de Pilatos pasa a formar parte de las valiosas propiedades de los Medinaceli.

 

De la degradación a la restauración

Desde mediados del siglo XVII hasta la segunda mitad del XIX, la Casa de Pilatos –que no parece encajar en las preferencias de sus propietarios pues sólo la visitan ocasionalmente– experimenta un grave deterioro estructural y patrimonial (perdiendo gran parte de su valiosa colección escultórica y pictórica, que se traslada a otros palacios de los Medinaceli).

Durante la segunda mitad del siglo XIX se emprenden reformas de mantenimiento, algunas tan pocos afortunadas que han tenido que ser eliminadas.

En los primeros años del siglo XX se venden algunas casa asociadas a palacio y en la zona próxima se derriban algunas construcciones para comunicar dos pequeños jardines y un patinillo antiguo para construir el Jardín Chico, que en las fotos realizadas en 1924 se presenta como un jardín recién plantado.

A partir de la segunda mitad del siglo XX, los duques de Medinaceli lo convierten en residencia principal: el proceso de degradación no sólo se detiene sino que se invierte. A partir de ese momento se realizan programas y obras de restauración y se incorporan obras de arte –entre las que destacan una pintura de Goya y varias de Lucca Giordano– a un palacio que quedó desprovisto de sus colecciones artísticas.

Actualmente en la planta alta se puede acceder al Salón de los Frescos, Comedor, Salón del Torreón, Salón Oviedo, Gabinete y Salón Pacheco.

 

El nombre de Casa de Pilatos

Desde hace siglos, el Palacio de los Adelantados Mayores de Andalucía se conoce popularmente en Sevilla como Casa de Pilatos.

Esta denominación está envuelta en diferentes creencias relacionadas con el viaje que Fadrique de Ribera realizó a Jerusalén.

Aunque alguna leyenda indica que Fadrique de Ribera quiso levantar un palacio similar al pretorio de Poncio Pilatos (hecho poco probable dado que dicha residencia ya no existía cuando visitó Tierra Santa), parece probable que el nombre del palacio se deba al vía crucis que instituyó el Marqués de Tarifa al regresar a Sevilla, quizás al comprobar que la distancia desde el palacio de Pilatos al monte Calvario era similar a la que existía entre su palacio y la Cruz del Campo.

El vía crucis –rememoración del recorrido realizado por Cristo desde que es sentenciado a muerte por Pilatos hasta su crucifixión y sepultura, con catorce paradas (actualmente quince)– partía de su residencia y llegaba hasta Cruz del Campo. Dado que la primera estación de penitencia –Cristo juzgado por Pilatos– se realizaba en la puerta de la residencia palaciega (como indica la cruz y cerámica de la fachada que señala el inicio del recorrido), el palacio empezó a denominarse Casa de Pilatos, nombre con el que se conoce en la actualidad.

 

El Patio Principal

Construido a finales del siglo XV por Pedro Enríquez y Catalina de Ribera, el Patio Principal fue ampliado y transformado siguiendo cánones renacentistas por su hijo Fadrique de Ribera, quien amplió su superficie, abrió galerías, sustituyó los pilares de ladrillo por columnas de mármol e instaló en el centro una fuente marmórea adquirida en Génova. Posteriormente Per Afán lo ennobleció con la colección de esculturas clásicas que importó de Italia.

El perfecto maridaje entre elementos renacentistas y mudéjares, incluso góticos y románticos, muestran las sucesivas intervenciones que a lo largo del tiempo se han producido en el patio: muros revestidos de lienzos de azulejos con diversa decoración mudéjar, arquerías con tallas en mármol y yeso, galerías porticadas con bustos romanos, renacentistas y de época posterior.

La fuente central que preside el patio fue importada de Italia en torno a 1528 por Fadrique Enríquez de Ribera. Originalmente estaba coronada por una escultura diferente, posiblemente un sátiro, que al perderse fue reemplazado a principios del siglo XVIII por un busto del dios Jano, escultura del siglo primero obtenida por el Duque de Alcalá en Nápoles que representa al dios romano de forma bifacial por su capacidad para poder ver el pasado y el futuro.

En el patio se levantan cuatro esculturas romanas del segundo siglo después de Cristo que –adquiridas por Per Afán de Ribera e instaladas por Tortello– alcanzan casi los 3 metros de altura: Palas Atenea pacífica, Palas Atenea guerrera, Fortuna y una musa con pandereta.

v Palas Atenea guerrera, diosa de la guerra y de la sabiduría, presenta tres complementos –escudo, casco y lanza– que no son originales, sino labrados en siglo XVI o XVII.

v Palas Atenea pacífera carece del escudo, de la maza y del casco que añadidos en el siglo XVI-XVII fueron eliminados en 1957 por considerar que alteraban el carácter original de la obra. Los complementos retirados de la escultura se exponen en el Salón Dorado.

v Una tercera escultura del patio se identifica con la diosa de la agricultura Ceres y con la diosa Fortuna, pues porta el cuerno de la abundancia repleto de uvas. El rostro reproduce el de Faustina Minor, esposa del emperador Marco Aurelio.

v La cuarta escultura que, en cuerpo entero, ornamenta el patio principal, es una musa con pandereta. La pandereta y la corona de uvas con hojas de parra fueron añadidas en época renacentista.

 

 

El Jardín Grande

El Jardín Grande fue creado en 1568-1570 por el arquitecto napolitano Benvenuto Tortello al transformar la primitiva huerta del palacio en un jardín de esculturas al gusto italiano.

El arquitecto –al que el I Duque de Alcalá le había encargado reformar su palacio para exponer la colección de esculturas que había reunido en Nápoles durante su virreinato– levanta en la huerta logias, galerías y hornacinas para exponer las diferentes tallas al aire libre, mirando al nuevo jardín. La huerta se había transformado en jardín arqueológico, en jardín renacentista (que actualmente conserva algunas esculturas clásicas y renacentistas adquiridas por Per Afán de Ribera y otras adquiridas posteriormente).

A mediados del siglo XIX el jardín fue remodelado e incorporó nuevas especies vegetales.

Durante la segunda década del tercer milenio, en el jardín –que está organizado en once parterres en torno a una fuente central– se ha realizado una profunda remodelación de la vegetación: se han apeado numerosos árboles y arbustos para permitir una mejor visualización del conjunto. Se ha eliminado buena parte de su biodiversidad para recuperar su carácter de jardín palaciego, delimitado por un marco arquitectónico singular.

Se han apeado palmeras datileras, latanias, palmeras de la suerte, washingtonias de tronco grueso, cicas, un ceibo, justicias, celindas, trompeteros, granados y alteas. También se han eliminado calas, paragüitas, cañas de Indias, acantos, crinuns, clivias, agapantos y el emparrado ornamentado con rosales que enmarcaba la fuente central. De todos los árboles que poblaban este espacio sólo se ha conservado el gran magnolio enclavado en la zona del jardín próxima a la monumental escalera.

El jardín, que tiene una superficie de unos 1370 m2, ha quedado claramente estructurado mediante naranjos y setos de mirto que delimitan parterres llenos de rosales con laureles cuidadosamente podados formando pequeños arbolillos de copas redondeadas y formaciones prismáticas de tejos recortados.

Las plantas se presentan y disponen con un criterio esencialmente arquitectónico que permite visualizar el conjunto del jardín. Cuidadosamente ordenado, el jardín resulta monótono, repetitivo.

Las paredes aparecen ornamentadas con parras vírgenes, buganvillas, glicinias y jazmines de Madagascar (Stephanotis floribunda) de flores blancas y perfumadas.

 

 

El Jardín Chico

El Jardín Chico adquiere su aspecto actual a principios del siglo XX cuando se derribaron unas construcciones sin interés que dividían este jardín en dos espacios inconexos.

El jardín presenta una alberca estrecha y alargada, escoltada con multitud de macetas floridas y presidida por una escultura en bronce de Baco realizada por Mariano Benlliure en 1900, obra procedente de un palacio madrileño de los Medinaceli. El conjunto rememora el privilegio que tenía la casa de disponer del agua que llegaba a la ciudad a través de los Caños de Carmona que, propiedad real, sólo unos pocos privilegiados podían utilizar.

La alberca separa una zona estructurada en ocho parterres del resto del jardín, que presenta pequeñas escaleras que comunican espacios que presentan diferentes niveles de altura.

De forma similar a la transformación que ha experimentado el Jardín Grande, en la segunda década del tercer milenio se ha eliminado buena parte de la vegetación de Jardín Chico. Han desaparecido las dos higueras situadas junto a la alberca, falsos pimenteros, naranjos, trompeteros, celindas, una washingtonia de tronco grueso, orejas de elefante, costillas de Adán, aves del paraíso, calas, cintas, una palmera canaria y una especie singular, Asclepias physocarpa, que –única en la ciudad– nunca se supo cómo llegó al jardín.

Esta profunda remodelación de la vegetación ha disminuido la biodiversidad del jardín para potenciar su valor arquitectónico.

Con unos 980 m2, el jardín, cuyos parterres están delimitados por setos de boj, presenta actualmente palmeras de la suerte, cicas, varios magnolios y par de pequeñas palmeras. Existen petunias en las macetas situadas en la alberca, rosales en los parterres, con violetas y algunos acantos y agapantos en los arriates. Las paredes están tapizadas por buganvillas, jazmines arbustivos, trompetas trepadoras y celestinas.