JARDINES TORRE DE DON FADRIQUE Y CONVENTO DE SANTA CLARA

 

La Torre y don Fadrique

La Torre de don Fadrique, con su pequeño jardín, cargada de misterio, magia y romanticismo, ha permanecido durante décadas abandonada a su propia suerte en un perdido rincón del Convento de Santa Clara, junto a la Alameda de Hércules, entre la calle Santa Clara y la calle Becas.

Su historia se remonta al siglo XIII.

Tras la ocupación de Sevilla en 1248 por las tropas cristianas de Fernando III y el consecuente “repartimiento de la ciudad”, el infante don Fadrique –hijo de Fernando III– recibe varias propiedades cerca de la que fuera Laguna de la Feria, intramuros de la cerca almohade. En ellas, Fadrique levanta en 1252 la torre que ha llegado a la actualidad.

La Torre –enclavada entre huertas, intramuros– se eleva como auténtico símbolo de poder, quizás como muestra de fuerza de don Fadrique frente al nuevo rey, su hermano Alfonso.

Con 65,30 m de altura, la Torre de don Fadrique –aislada de cualquier edificio desde su construcción– se levanta con la contundencia propia de las construcciones románicas –tan escasas en la ciudad– aunque en los tramos superiores muestra un claro estilo gótico. De hecho, la torre –que muestra una puerta de acceso de estilo románico tardío– se torna esencialmente gótica en sus ventanas superiores y en las bóvedas de crucería de las salas interiores.

Esta construcción refleja la influencia italiana que impregnó al infante don Fadrique durante su estancia en la corte italiana de Federico II entre los años 1240 y 1245, aunque también presenta rasgos franceses y singularidades propias de la arquitectura sevillana.

La Torre de don Fadrique, con planta cuadrada de 7’75 metros de lado, está estructura en tres cuerpos, cubiertos de bóvedas y comunicados por escaleras de fábrica. En la planta baja se abre la puerta de acceso –con una inscripción latina sobre la misma que indica el año de su construcción, 1252– y ventanas saeteras; la sala intermedia presenta ventanas románicas y la superior ventanas de estilo gótico. Desde esta última se accedía a la azotea almenada mediante una escalera de mano.

La atmósfera mágica de la Torre está impregnada por historias lejanas, leyendas, recuerdos de un pasado imaginario. Una de estas leyendas nos cuenta que la Torre fue lugar de encuentro del infante Fadrique con su joven madrastra Juana de Ponthieu, tras la muerte de su padre, Fernando III, en 1252. Y que Alfonso X el Sabio –hermano del infante– lo mandó procesar por mantener relaciones con la viuda del rey. Las crónicas históricas demuestran, sin embargo, que los hechos fueron menos poéticos: el ajusticiamiento –una década más tarde de que doña Juana hubiese retornado definitivamente a la corte francesa– se produjo por conspirar contra su hermano, el rey. Sea como fuere, Fadrique fue condenado a muerte y ejecutado en Toledo en 1277.

 

 

Interior Torre de don Fadrique

 

Hipótesis arqueológica, hipótesis histórica

Por lo que se refiere a la evolución de todo el conjunto monumental, existen dos hipótesis claramente enfrentadas.

Por un lado, las investigaciones arqueológicas realizadas por Miguel Ángel Tabales Rodríguez indican que, sobre retos de construcciones islámicas (almohades del siglo XIII), el infante don Fadrique levantó en el siglo XIII, además de la emblemática torre, un palacio de estilo hispanomusulmán, su residencia, que se estructuraba en torno a un patio central de planta rectangular, con alberca alargada y arriates laterales. Este patio de trazado islámico se encontraba en el lugar que actualmente ocupa el claustro del convento.

Sería la primera construcción palaciega realizada tras la entrada de Fernando III. No deja de ser significativo que, en unas fechas tan cercanas a la conquista cristiana, el primer palacio que se levanta sea de tipo islámico; el palacio de don Fadrique sería la primera edificación mudéjar de Sevilla (pues el palacio levantado en el Alcázar en el siglo XIII es de estilo gótico).

Del palacio, como tal, nada queda pues se transformó en el edificio religioso que ha llegado a la actualidad. La Torre sería el único resto del palacio del infante don Fadrique.

Sin embargo, los estudios históricos defendidos por Rafael Cómez Ramos indican que don Fadrique no construyó ningún palacio, sólo la Torre. Sostienen que en el repartimiento de Sevilla, el infante don Fadrique recibió un edificio islámico (almohade del siglo XIII) situado en medio de una zona de huertas, que presentaba un gran patio con alberca longitudinal. Este edificio islámico, que se encontraría en buen estado de conservación pues habría sido construido cincuenta años antes de la conquista de la ciudad, seria habitado por don Fadrique del mismo modo que lo fueron los palacios del Alcázar hasta la construcción del palacio gótico de Alfonso X el Sabio.

Determinadas evidencias arqueológicas obtenidas en los últimos años que apoyan la construcción de un nuevo palacio, se encuentran enfrentadas a determinadas consideraciones históricas: en los momentos inmediatos a la conquista de la ciudad de Sevilla se reutilizan los anteriores edificios almohades, las primeras construcciones cristianas son góticas, la reacción mudéjar se produce un siglo más tarde con Pedro I, no parce razonable que un mismo noble encargara una obra gótica (la torre) y una mudéjar (el palacio).

En cualquier caso el primitivo edificio islámico o el nuevo palacio mudéjar quedó enmascarado entre los muros del actual convento de Santa Clara.

 

Reconstrucción virtual del hipotético Palacio Mudéjar de don Fadrique

 

Convento de Santa Clara

Las propiedades de don Fadrique –antes de su ajusticiamiento– fueron entregadas a la Orden de Calatrava en 1269.

Posteriormente, en 1289, el rey Sancho IV donó el palacio, las huertas y la torre a las Hermanas Franciscanas Clarisas para la construcción de un convento, el Convento de Santa Clara. Desde ese momento, las hermanas clarisas –rama femenina de la orden fundada por San Francisco de Asís, cuyo nombre evoca a su fundadora Santa Clara– vivirán en clausura hasta finales del siglo XX.

La congregación religiosa tiene que adaptar el edificio (islámico o mudéjar) al nuevo uso que impone la vida religiosa en clausura. Tras una primera fase de transformaciones poco profundas en el XIV, en los siglos XV y XVI se produce una reestructuración total de todo el edificio que, siguiendo cánones renacentistas, origina un conjunto que es el que, esencialmente, ha llegado a la actualidad.

Tras siglos de esplendor, el Convento de Santa Clara alcanza el siglo XVIII en una situación económica precaria, por lo que tiene que vender las huertas que poseía, dando lugar a una serie de construcciones particulares adyacentes al convento.

El proceso de pérdida patrimonial continúa en los siglos XIX y XX.

En 1920 el Ayuntamiento de la ciudad adquiere la Torre de don Fadrique con la pequeña huerta adyacente, con servidumbre de paso a través del compás del convento. Ese mismo año Juan Talavera rediseña el entorno de la Torre.

Talavera reduce el nivel del suelo para liberar la base de la Torre, que al correr de los siglos había quedado enterrada y, frente a la misma, construye un pequeño estanque rectangular en cuyas aguas, al modo de los jardines islámicos, pudiera reflejarse la sobria construcción. En la zona que antecede a la torre –una pequeña huerta– Talavera levanta un muro para separar el área hortícola del jardín de la torre.

Al lado crea un museo arqueológico municipal de reducido tamaño, que funcionó desde 1925 hasta 1946, año en que se inaugura el museo arqueológico provincial en la Plaza de América. Sin embargo, algunas obras –como la escultura en bronce en cuerpo entero de Fernando VII procedente de los Jardines del Palacio de San Telmo– permanecieron en el jardín, sin más cuidado que el que le proporcionaba la propia intemperie.

Además, en 1920, se traslada al Convento de Santa Clara –instalándose como uno de los dos accesos a la histórica torre– la Puerta del Colegio-Universidad Maese Rodrigo, primera Universidad de Sevilla, fundada en 1505, tras la Puerta Jerez (que en el siglo XVIII cambia de sede y se convierte en Seminario conciliar hasta que, en la década 1910-1920, fue derribado para permitir la apertura de la actual avenida de la Constitución).

A finales del siglo XX –1998– las monjas clarisas abandonan Santa Clara. Concluyen varios siglos de ininterrumpida vida monacal en clausura pues Santa Clara no sufrió las exclaustraciones vividas por otros conventos durante el siglo XIX.

En 2001 el Ayuntamiento adquiere el edificio, excepto la iglesia que, cerrada y con una portada monumental levantada en el siglo XVII por Juan de Oviedo, sigue perteneciendo al Arzobispado.

A principios del siglo XXI el estado de todo el recinto era, sencillamente, desolador: edificios semidestruidos, patios y jardines colonizados por la maleza y poblados de escombros.

 

Torre de don Fadrique en 1910

Torre de don Fadrique en 1910

Compás de Santa Clara en 1919 (todavía no estaba instalada la Portada de la Universidad)

Torre de don Fadrique en 1925

Compás de Santa Clara en 1920

Antigua Universidad Maese Rodrigo en 1899

Portada en la actualidad

Entrada al compás y al convento en 2009

Estado del compás en 2009

Estado del Jardín doméstico en 2009

Estado de la Portada en 2009

 

Rehabilitación: Espacio Santa Clara

En la segunda década del nuevo milenio, el Ayuntamiento de Sevilla termina la primera fase de la restauración del convento de Santa Clara –Bien de Interés Cultural desde 1970– para convertirlo en centro cultural de la ciudad, zona para conciertos de música antigua y flamenco, recinto para exposiciones artísticas y culturales.

Así pues, donde se asentó una construcción almohade, posterior residencia de don Fadrique y transformación en convento de clausura clarisa, hoy se abre un nuevo espacio cultural.

Este conjunto monumental y cultural ha adoptado el nombre de Espacio Santa Clara.

Se ha creado un nuevo acceso por la calle Becas pues, hasta esa fecha, la entrada se realizaba por el estrecho callejón que comunicaba la calle Santa Clara con el compás y, desde éste, se accedía tanto al convento como, a través de la portada de la primitiva Universidad de Sevilla Colegio-Universidad Maese Rodrigo, a la Torre de don Fadrique.

El Convento de Santa Clara, que pudo visitarse desde 2009 durante las obras, abrió definitivamente sus puertas en 2015. La Torre de don Fabrique, a la que hubo acceso temporal y parcial en 2015, tiene que abrir sus puertas a todos los ciudadanos puesto que es una de las construcciones más importantes del patrimonio histórico artístico de la ciudad.

La rehabilitación ha permitido recuperar el claustro cristiano concluido en 1530. De planta cuadrada, galerías porticadas y estilo renacentista, los paños de cerámica que lo ornamentan muestran una clara influencia mudéjar.

 

 

En el refectorio –comedor del convento que comunica mediante un pasaplatos con la cocina– se han recuperado antiguos paños de azulejos, pinturas murales y el púlpito sobre el que se hacía la lectura a la hora de la comida (que muestra toda la magia del arte mudéjar).

Las leyendas que envuelven la ciudad de Sevilla nos cuentan que fue aquí –Convento de Santa Clara– donde se refugió María Coronel huyendo de Pedro I, que fue aquí donde se echó aceite hirviendo para desfigurar su rostro y alejar al poderoso rey. Posteriormente, María Coronel abandonó Santa Clara y fundó el Convento de Santa Inés, de la misma orden, donde se conserva su cuerpo incorrupto, que puede verse el dos de diciembre en urna de cristal.

 

 

Los Jardines

En el Espacio Santa Clara pueden diferenciarse cuatro espacios ajardinados.

v Jardín del Claustro de Santa Clara. El claustro del antiguo Convento de Santa Clara presenta, en torno a una fuente central, cuatro parterres delimitados por setos de mirto en los que crecen naranjos, washingtonias, helechos, olivillas (Teucrium fruticans), agapantos de flores azuladas (Agapanthus africanus), gauras de flores rojas (Gaura lindheimeri) y tulbaghias de flores rosadas (Tulbaghia violácea).

 

 

v En el Jardín de la Torre don Fadrique se encuentra el laurel (Laurus nobilis) más antiguo de la ciudad. Alrededor de la Torre –que esta presidida por un estanque rehundido rodeado por setos de mirto– crecen naranjos, un olivo, jazmines, damas de noche, acantos, vides, un pacífico y alguna esparraguera.

En este lugar persisten algunos restos arqueológicos y la escultura en bronce y cuerpo entero de Fernando VII. La estatua de Fernando VII –realizada por el escultor francés Pierre Joseph Chardigny en 1831 por encargo del capitán general de Cataluña para ser erigida en la barcelonesa plaza del Palau– viajó en 1840 con la reina regente María Cristina en su exilio a Francia, adornando los jardines del Palacio de la Malmaison hasta 1861, año en que Napoleón III la envió a la Infanta María Luisa Fernanda, que residía en Sevilla, instalándose en los Jardines de San Telmo en 1862. En 1926 la adquiere el Ayuntamiento junto a una parcela de los jardines, y en 1931, con la Segunda República, se trasladó al el antiguo Museo Arqueológico Municipal del Convento de Santa Clara, donde quedó abandonada a su propia suerte.

 

 

 

v En el Jardín doméstico –que comunica el claustro con la torre– los parterres están delimitados por setos de boj. En la que fuera huerta del convento, hoy crecen un par de granados, una gran costilla de Adán, un elevado paraíso, un mandarino, un par de cipreses, agapantos, nandinas, damas de noche, boneteros de la variedad Luna, olivillas, algún rosal arbustivo, eugenias (Eugenia myrtifolia) y polígalas hoja de mirto (Polygala myrtifolia).

 

 

v El Jardín del compás –espacio ajardinado que precede a las estancias del convento– con fuente central, naranjos y alguna palmera, aún no puede visitarse. Es imprescindible rehabilitarlo y permitir el tránsito a través de la histórica portada de la antigua Universidad de Sevilla que lo comunica con la Torre de don Fadrique.