Antigua Real Fábrica de Tabacos de Sevilla

El monumental edificio de la que fuera Real Fábrica de Tabacos de Sevilla, hoy es sede del Rectorado de la Universidad de Sevilla.

El descubrimiento de América, el tabaco

Con el descubrimiento de América, llegó el tabaco.

Los españoles descubren el uso del tabaco durante las primeras expediciones realizadas por Colón; su tripulación trae las primeras semillas al regresar a la Península Ibérica.

Una de las descripciones más claras de su consumo la realizó Fray Bartolomé de las Casas en la Historia de las Indias (Libro I capítulo 46, 1552):

“Hallaron estos dos cristianos por el camino mucha gente que atravesaban a sus pueblos, mujeres y hombres, siempre los hombre con un tizón en las manos y ciertas hierbas para tomar sus sahumerios, que son unas hierbas secas metidas en cierta hoja, seca también, a manera de mosquete hecho de papel, y encendido por la una parte del, por la otra chupan o sorben o reciben por el resuello para adentro aquel humo; con el cual se adormecen las carnes y cuasi emborracha, y así diz que no sienten el cansancio. Estos mosquetes, o como les nombraremos, llaman ellos tabacos. Españoles conocí yo en esta isla Española, que los acostumbraron a tomar, que siendo reprendifos por ello, diciéndoles que aquello era vicio, respondían que no era en su mano dejarlos de tomar; no sé qué sabor o provecho hallaban en ellos”.

Los nativos consumían tabaco fumándolo, masticando las hojas o aspirándolo en polvo por la nariz.

Muchos españoles los imitaron, dando a conocer su uso.

En el siglo XVI el tabaco ya se cultivaba en numerosos países de Europa y su consumo se extendía rápidamente por el resto del mundo.

Probablemente la persona que cultivó por primera vez tabaco en Europa fuera el médico y farmacólogo sevillano Nicolás Monardes, que en su jardín de la calle Sierpes aclimató un gran número de especies americanas, entre ellas el tabaco y la pimienta. En su Historia medicinal de las cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales (1565-1574) describió detalladamente las características de la planta, el medio adecuado para cultivarla y las numerosas formas de prepararla con fines medicinales para combatir un sinfín de enfermedades.

 

La primera fábrica de tabacos, San Pedro

A principios del siglo XVII el tabaco, cuya demanda había aumentado considerablemente, constituía una actividad económica altamente rentable. A partir de 1620 la producción industrial de tabaco en Sevilla se incrementa de forma significativa y en 1636 se crea en el centro de la ciudad, cerca de la iglesia de San Pedro (situada frente a la Plaza del Cristo de Burgos), la primera fábrica de tabacos de España: la fábrica de San Pedro.

Durante el siglo XVII la Corona –que ostentaba el monopolio de producción y venta de tabaco– utiliza como sistema de explotación el arrendamiento a particulares (hasta que la Hacienda Pública asume la administración directa en el siglo XVIII).

La fábrica de San Pedro se crea a partir de una serie de viviendas que son transformadas para permitir la actividad industrial. Estuvo ampliándose de forma continua durante un siglo y medio, anexionándose las viviendas próximas, formando un amplio complejo productivo en el que, con decenas de molinos y más de doscientos animales de carga, trabajaban casi 1.000 personas.

La fábrica producía, fundamentalmente, tabaco en polvo, tabaco de olor, que se inhalaba por la nariz. Para ello se molía el tabaco y se trataba con sustancias aromáticas que le proporcionaban un característico color dorado. La producción de cigarros puros era minoritaria; su demanda no aumentaría hasta el siglo XVIII.

Ya en esta época se plantearon conflictos que persisten en la actualidad: el responsable de la fábrica San Pedro, Jorge Bautista Carrafa, es acusado en 1659 ante la Sala del Crimen de la Real Audiencia de la ciudad de adulterar el polvo de tabaco con sustancias que entrañan un grave riesgo para la salud. En el juicio participaron médicos y boticarios en qve se controvierte si los polvos que de nuevo se añaden al tabaco, son dañosos, o prouechosos a su vso ordinario de tomarlo en polvo. Quedó absuelto.

Pero la fábrica de San Pedro difícilmente podía abastecer un mercado que crecía de forma espectacular. Era necesario transferir la actividad a un edificio más amplio, que facilitara el trasiego de mercancías, que estuviera más próximo al río.

En 1761 toda la actividad industrial se había trasladado al nuevo edificio extramuros de la ciudad: a la Real Fábrica de Tabacos de Sevilla.

La Fábrica de Tabacos, el edificio

A principios del siglo XVIII se decidió levantar una gran fábrica que monopolizara el comercio del tabaco. Se aprobó ubicarla extramuros de la ciudad, junto a la muralla, en la zona sur cercana al puerto. Entre la muralla y la fábrica circulaba el arroyo Tagarete.

El histórico edificio de la Real Fábrica de Tabacos se construyó entre los años 1728 y 1770 (en que se concluyó la última parte del foso que rodea al edificio). Pero comenzó a funcionar en 1757, alcanzando su pleno rendimiento cuatro años más tarde (al trasladarse la actividad y todos los enseres desde la fábrica de San Pedro), antes de que las obras terminaran.

Aunque se suceden varios arquitectos en el levantamiento del edificio, la Fábrica de Tabacos es obra, esencialmente, de Sebastián Van der Borch que dirige la construcción desde 1750 a 1766 (a la vez que, tras el terremoto de Lisboa de 1755, reconstruye el patio del Crucero en el Alcázar de Sevilla en los años 1757-1760).

El enorme edificio –sólo superado en su época por el Monasterio de El Escorial de Madrid– es un ejemplo de arquitectura industrial del siglo XVIII que, a partir de un diseño inicial con rasgos de construcción militar, adquiere carácter monumental con una marcada personalidad.

El edificio estaba provisto de amplias naves, patios, fuentes, pozos y molinos movidos por caballos para producir tabaco en polvo, con extensas azoteas para secar las hojas de tabaco y artísticos lucernarios que proporcionaban luz a las naves.

Estaba rodeado por un foso en sus caras este, sur y oeste, provisto de garitas defensivas que entonces aparecían a mayor altura pues el nivel base de la calzada era más bajo que el actual; la cara norte estaba delimitada por la muralla de la ciudad. Sólo existía una entrada al edificio, la que actualmente mira a la calle San Fernando, y frente a ella una puerta para cruzar la muralla. Además, se podía acceder al recinto por un único puente levadizo que cruzaba el foso en la cara oeste de la fábrica (en la que no existía puerta de acceso al edificio). La presencia del foso responde a la necesidad de evitar el contrabando y controlar a los operarios que, al salir por la única puerta existente, eran registrados diariamente.

A uno y otro lado de la fachada principal se construyeron dos pequeños edificios: la capilla de la Fábrica (actual Hermandad de los Estudiantes) y la cárcel (actual sede del Departamento de Historia Contemporánea) en la que sufrían condena los operarios que trasgredían las leyes en la fábrica. Junto a la cárcel se encontraba el cuerpo de guardia que, con soldados en las garitas, permaneció en el recinto hasta la segunda década del siglo XIX.

Entre los elementos ornamentales de la fábrica destaca la decoración escultórica de la fachada principal realizada por Cayetano da Costa en los años 1755-57. El escultor portugués coronó la portada con la estatua de la Fama, en mármol, con alas de cobre doradas. Escoltada por jarras de azucenas, la mensajera de Júpiter proclama con su trompeta la grandeza del nuevo edificio. Además, esculpe los grades pináculos que ennoblecen las esquinas superiores, decorándolos con caras infantiles. Cayetano Acosta, que es autor del Retablo mayor de la iglesia del Salvador, diseño dos fuentes para los patios interiores: una permanece en uno de ellos, la otra se conserva en los jardines (pues su ubicación original impedía la movilidad de los arrieros y sus carros).

 

Fábrica de Tabacos, muralla y calle San Fernando

La Real Fábrica de Tabacos se ubicó junto a la muralla de la ciudad. La construcción islámica, levantada en los siglos XII y XIII, presentaba un antemuro y foso defensivo, con 6 torres de defensa en este tramo (de las 166 que defendían toda la ciudad). La muralla discurría por el eje central de la actual calle San Fernando (que aún no existía). Tras la muralla se encontraba la Huerta de la Alcoba del Real Alcázar.

Entre la muralla y la fábrica discurría el arroyo Tagarete, que desde el Prado de San Sebastián bordeaba la muralla hasta desembocar en el Guadalquivir, junto a la Torre del Oro. El Tagarete, casi sin agua durante los estíos más duros, se convertía en una amenazadora fuerza erosiva cuando su caudal adquiría carácter torrencial. Era un foco de insalubridad pues en él se vertían los residuos de curtidurías, matadero y lavaderos de lana. Además se presentaba como potencial foco de paludismo pues en sus aguas, especialmente los veranos más calurosos, proliferaban los mosquitos.

Durante la construcción de la Fábrica de Tabacos (1728-1770) se modifica el arroyo Tagarete y la muralla, y se crea la calle San Fernando.

En 1730 se aboveda el cauce del Tagarete en el tramo que discurría por la actual calle San Fernando.

En este tramo, desde el Catalina de Ribera a la Puerta de Jerez, la muralla se rehace en fábrica de ladrillo (con una puerta que la comunica con la Fábrica de Tabacos), y a lo largo de la Huerta de la Alcoba se crea la calle San Fernando, intramuros. En 1759 se levanta, entre dos voluminosas torres, una nueva entrada a la ciudad: la monumental Puerta Nueva en el extremo oriental de la calle San Fernando, que se constituye en eje de comunicación intramuros con la Puerta de Jerez.

A lo largo de la acera norte de la calle San Fernando, intramuros, dispuestas de forma paralela a la muralla de la huerta del Alcázar, se construyen casas para los oficiales, funcionarios y empleados de la Fábrica de Tabacos, con la prohibición de abrir cualquier tipo de hueco a la huerta real.

En esta época, entre 1849 y 1858, el Tagarete queda abovedado hasta su desembocadura en la Torre del Oro.

Pasada la primera mitad del siglo XIX, se procede a derribar las murallas y puertas de la ciudad: en 1864 se derriba la Puerta de Jerez, y en 1868 la muralla que delimita la calle San Fernando y la Puerta Nueva. Sin embargo, la amplitud de la calle San Fernando no aumenta porque en el mismo lugar que estaba la muralla se levanta la verja de delimitación de la Fábrica de Tabacos. En 1919-1923 se desplaza dicha reja unos metros hacia la fachada de la fábrica para ensanchar la calle San Fernando que adquiere el trazado actual.

Modificado a partir del dibujo de la página de Alfonso Pozo Ruiz

Plano de Van der Borcht de 1762

Plano de Sevilla, Olavide 1771

Puerta Nueva 1849 y Puerta Jerez 1850

Sevilla 1853

Fábrica de Tabaco 1856

Calle San Fernado y Fábrica de Tabacos a principios del siglo XX

Pincipios del siglo XX y retranqueo de la verja de la fábrica en 1919

La Fábrica de Tabacos, las cigarreras

La Fábrica de Tabacos –con varios miles de trabajadores– constituía un mundo singular, un microcosmos con sabor especial, en el que destacaban las cigarreras, mujeres de Sevilla que, gracias a su salario, habían conseguido una cierta independencia. En este ambiente enraíza el mito de Carmen, la Carmen creada por el novelista Prosper Merimée en 1845, la Carmen de la ópera de Bizet con libreto de Halévy y Meilhac de 1875.

Pero durante los dos primeros siglos de la industria tabaquera (1620-1812) la mano de obra era masculina pues se producía tabaco en polvo para ser inhalado por vía nasal, lo que implicaba un trabajo físico poco refinado y duro, basado en la molienda con piedras de molino que había que cambiar con cierta periodicidad, trajinando diariamente con bestias de labor.

A finales del siglo XVIII se produce un cambio en el tipo de producto demandado: los cigarros en detrimento del tabaco en polvo. Por otra parte, los cigarros elaborados en la fábrica de Sevilla eran más caros (y de peor calidad) que los elaborados en otras fábricas del país. La fábrica de Cádiz, que empezó a funcionar en 1730, fue pionera en la contratación de mujeres pues desde su inauguración incorporó mano de obra femenina, consiguiendo menores costes de producción ya que las mujeres recibían un salario inferior al de los hombres.

A partir de 1812 la Fábrica de Tabacos de Sevilla contrata mujeres para elaborar cigarros. En los años siguientes la incorporación femenina se produce de forma masiva: las cigarreras se convierten en el colectivo más numeroso de la fábrica durante el siglo XIX (6.300 mujeres y 350 obreros en 1868).

El trabajo estaba claramente jerarquizado y reglamentado, organizado en talleres que estaban bajo la supervisión de una maestra. Cada taller estaba formado por varios ranchos de 6 a 12 cigarreras en torno a una mesa. Las aprendizas realizaban tareas menores hasta que, supervisadas por una operaria experta, adquirían la destreza necesaria para liar cigarros. Liar cigarros y cigarrillos se convertía en un arte; las cigarreras de manos más ágiles pasaban a una categoría profesional más alta (con el consecuente incremento salarial).

Jóvenes y mayores, solteras y madres, algunas con cunas proporcionadas por la fábrica para que tuvieran al lado a sus bebés a los que tenían que amantar. De procedencia humilde, las cigarreras se sentían parte de un grupo singular, vistiendo con mantilla y flor en el pelo.

Miles de mujeres liando cigarros y cigarrillos en un ambiente bullicioso y caluroso que provocaba que llevaran ropas más ligeras que en la calle, impresionaron a todos los visitantes de la fábrica, y más aún cuando las propias cigarreras se dirigían a ellos sin pudor. Las cigarreras, seguras dentro de sus naves, no dudaban en reírse, insinuarse o burlarse de aquellos hombres que se atrevían a entrar en sus dominios, a los que no podían acceder sin previo aviso. Surge el mito de Carmen y el sinfín de tópicos que desde el siglo XIX ha marcado, de forma muy sesgada, nuestra ciudad. En cualquier caso la visión folclórica de las operarias del tabaco está tan profundamente extendida que eclipsa la imagen real.

Todos los operarios y operarias eran registrados al salir de la fábrica por la única puerta que presentaba el edificio, en la fachada principal. Muchas cigarreras, sin embargo, sustraían ciertas cantidades de tabaco formando tarugos de tripa animal que introducían en su recto. Si se detectaba fraude se procedía al despedido y/o a un corto periodo de privación de libertad en la cárcel de la fábrica.

A principios de siglo XX, la introducción de maquinaria industrial capaz de realizar un sinfín de funciones (como el picado o liado del tabaco) provocó un profundo cambio en la actividad laboral. El número de cigarreras se reduce drásticamente (3.332 en 1906, menos de 2.000 en 1920, 1.100 en 1940) y el número de operarios masculinos aumenta ligeramente.

La época de las cigarreras había terminado.

En los años cuarenta del siglo XX, las instalaciones de la Fábrica de Tabacos habían quedado anticuadas. De hecho, el edificio había sido concebido para la fabricación de un producto –el tabaco en polvo– cuya demanda cayó desde un 80% a principios del siglo XIX hasta un 60% el año de la inauguración de la fábrica como consecuencia del aumento del consumo del tabaco de humo, es decir, de cigarros y cigarrillos.

En 1951 la fábrica se traslada a unos locales más modernos, en el barrio de Los Remedios, donde la producción industrial continuó durante más de cinco décadas.

Tras 400 años de historia, en 2007 se produce el cierre definitivo de la fábrica de tabacos en Sevilla.

 

 

La Universidad de Sevilla y la antigua fábrica

A la vez que aumentaba la producción industrial de la fábrica de tabacos, se estaba desarrollando la Universidad Hispalense, cuyos orígenes se remontan al siglo XVI.

El año 1505, Rodrigo Fernández de Santaella, arcediano de la Catedral de Sevilla, obtiene una bula papal para la creación de un Colegio en el que se impartieran clases de Teología, Filosofía, Artes, Derecho y, por bula de 1508, Medicina. En 1517 se construye intramuros, detrás de la Puerta de Jerez, el Colegio-Universidad Santa María de Jesús, también llamado Colegio-Universidad Maese Rodrigo.

Mucho antes de la fundación de la universidad, Alfonso X había creado en Sevilla, en 1254, las Escuelas de Latín y Arabigo, centro de estudios de extraordinario interés en época del monarca que, sin embargo, habían perdido importancia al correr de los años.

En cambio, las investigaciones realizadas en la Casa de la Contratación de Sevilla, creada por los Reyes Católicos en 1503, tuvieron gran trascendencia. En clara contraposición con los estudios universitarios, esencialmente teológicos, en la Casa de Contratación se realizaban estudios científicos y se impartían clases de Matemáticas, Cosmografía, Astronomía, Cartografía e Hidrografía. Las obras publicadas por sus prestigiosos profesores se traducían inmediatamente al latín, francés, inglés, alemán y flamenco.

Pero la universidad permanecía anclada en el pasado. A principios del XVIII no es más que un centro en el que las titulaciones se compran, los profesores utilizan el cargo para obtener un puesto mejor remunerado en la administración, se imparten pocas clases, la investigación no existe y la docencia está monopolizada por miembros de la Iglesia.

Durante el reinado de Carlos III, tras la expulsión de los jesuitas de España en 1767, el gobierno realiza un proyecto de reforma de la educación que, en Sevilla, Pablo de Olavide mejora y desarrolla. El Plan de Olavide, aprobado en 1769, proyecta reducir drásticamente la presencia de religiosos en la universidad e introducir la enseñanza de las ciencias, que estaban excluidas del ámbito universitario. Pretende modernizar la Universidad, sus propios fundamentos y afirma que es necesario “crear de nuevo las Universidades y Colegios por principios contrarios a los establecidos”. En una universidad en la que los religiosos monopolizaban todas las cátedras, considera imprescindible que la institución tenga carácter laico: “No se descubre razón ni utilidad para que los Regulares estudien ni enseñen en las Universidades públicas”. Olavide considera esencial que la Universidad asuma la investigación y docencia de las diferentes ciencias: “Que esta Universidad y Colegio florezcan no en las ciencias inútiles y frívolas, sino en los verdaderos conocimientos permitidos al hombre y de que puede sacar su ilustración y provecho. Los estudios de Ciencias prácticas y Físicas, que como útiles a la Nación vamos a promover, son ajenos de su profesión y vida ascética”.

En 1771 se produce el cambio de sede de la Universidad de Sevilla, desde el Colegio de Maese Rodrigo a la Casa Profesa que la Compañía de Jesús tenía en lo que hoy es la calle Laraña y que había sido confiscada tras la expulsión de los jesuitas.

El Colegio de Maese Rodrigo, tras cederlo a la diócesis y convertirse en Seminario conciliar, fue derribado en 1910-1920 para permitir la apertura de la actual avenida de la Constitución. Sólo se conservó su capilla –capilla de Santa María de Jesús en la Puerta de Jerez– y la parte inferior de la Puerta del Colegio-Universidad que, en 1920, fue traslada al compás del convento de Santa Clara, muy cerca de la Torre don Fadrique. El Seminario conciliar se instaló en el Palacio de San Telmo.

La fuerte oposición de los sectores más tradicionales impidió que la reforma propuesta por Olavide pudiera llevarse a cabo. De hecho, hasta mitad del siglo XIX la universidad sigue siendo una institución arcaica, dirigida por miembros de la Iglesia, endogámica y nada productiva. A finales de siglo algunas reformas permiten un cierto desarrollo de los nuevos conocimientos en Física, Química, Historia Natural y Medicina.

El siglo XX comienza con un acto simbólico: en el patio de la universidad se colocó, en 1900, la estatua en bronce del fundador de la Universidad Hispalense, Rodrigo Fernández de Santaella, obra de Joaquín Bilbao (que posteriormente sería trasladada a la Fábrica de Tabacos). Muy pronto se hizo evidente que la Casa Profesa no podía albergar las nuevas instalaciones que requería el crecimiento de la universidad.

En 1950 se decide convertir el edificio de la Fábrica de Tabacos en sede de la Universidad de Sevilla. Durante cuatro años, a la vez que la fábrica se traslada a un edificio moderno en el barrio de los Remedios, se realizan obras de acondicionamiento que permiten que en 1954 la Universidad de Sevilla se instale en la antigua fábrica. Entre 1954 y 1957 ocupan el edificio las Facultades de Derecho, Letras y Ciencias (hasta entonces en la Casa Profesa), se constituye la sede central del Rectorado y se crean bibliotecas. La inauguración se realiza cuando aún no ha concluido el desalojo de la fábrica y no se ha completado la remodelación del inmueble.

El edificio de la antigua fábrica de tabacos sufre una profunda reestructuración pues se derribaron bóvedas y galerías para crear aulas y bibliotecas, destruyéndose estancias interiores para crear nuevos patios. El puente levadizo sobre el foso de la fachada que daba al hotel Alfonso XIII fue sustituido por uno fijo. Se abrieron tres nuevas portadas –una para cada facultad, Derecho, Filosofía y Ciencias– extendiéndose las obras desde 1954 hasta 1973 pues cada portada seguía un ritmo de obra propio.

A principios de los setenta el edificio no puede satisfacer las necesidades de una universidad que había crecido extraordinariamente tanto en producción científica como en actividad docente.

Tras la creación de otros centros universitarios (Arquitectura en 1959, Ingenieros Industriales en 1964, Económicas en 1971, Farmacia en 1973), las diferentes secciones de la Facultad de Ciencias abandonaron la Fábrica de Tabacos en los años setenta (Matemáticas en el 74, Física y Biología en el 75, Química en el 77) de modo que cuando en 1978 se disgregaron en cuatro facultades diferentes, ya estaban en sus nuevas sedes, en la avenida de la Reina Mercedes. La facultad de Filosofía también dará lugar a nuevas facultades: Filología, Geografía e Historia y Filosofía (que se trasladará al complejo próximo a la avenida Ramón y Cajal). La facultad de Derecho también abandonará las antiguas instalaciones para ocupar al final de la primera década del siglo XXI un nuevo edificio en la avenida Ramón y Cajal. En la antigua Fábrica de Tabacos sólo permanecen la Facultad de Filología, la Facultada de Geografía e Historia y el Rectorado.

La antigua sede de la Universidad de Sevilla, la Casa Profesa, fue derribada en 1970 para construir la Facultad de Bellas Artes.

El jardín

Los Jardines de la Universidad destacan, ante todo, por el extraordinario marco monumental al que acompañan: el edificio de la Antigua Fábrica de Tabacos que, construido en el siglo XVIII, se constituyó en 1950 en sede de la Universidad de Sevilla.

En el jardín, que incluyendo el foso ocupa unos 11.000 m2, crecen más de 65 especies vegetales diferentes, algunas de ellas acompañadas por un cartel que indica su nombre común y su denominación botánica.

Entre las especies que proliferan en el jardían hay jacarandas, cipreses, un ciprés de Arizona, lagunarias, un par de moreras blancas, una casuarina, naranjos, un limonero, un mandarino, olivos, palmeras canarias, washingtonias de tronco fino y de tronco grueso, granados, laureles, pitosporos, una palmera de la suerte, una palmerita de Senegal, un tejo recortado, un par de ceibos, ciruelos de Japón, un arce negundo, un arce negundo matizado, árboles de Júpiter, árboles del amor, un par de membrilleros de japón, un lechero africano, un par de magnolios, un pequeño árbol de las tulipas, pitas, aloes, yucas, diferentes variedades de lantanas, un ginkgo, adelfas, cotoneaster, durantas, un aligustre matizado, jazmines, abelias, geranios, buganvillas, tomatillos, clerodendros, celestinas, matas de boj, rosales, cintas, tuyas y boneteros formando setos, mirtos podados en formas esféricas, margaritas del Cabo, margaritas amarilla, purpurinas, lágrimas de amor, un amoraluzo, una fotinia, un pino piñonero, un pino de Alepo, dos palos borrachos de flor amarilla...

Entre ellas destacan algunas especies poco frecuentes en nuestros jardines, como la conífera de hojas escuamiformes conocida como calocedro, Calocedrus decurrens, el braquichito de flor roja Brachychitum bidwillii, las plataneras Musa x paradisiaca, la pacana Carya illinoinensis o el arce blanco Acer pseudoplatanus.

En el foso que rodea al monumental edificio crecen álamos blancos, olmos, fresnos, arces negundo, washingtonias, plátanos de sombra, moreras blancas, un árbol de las lianas, algún eucalipto y acacias de tres espinas.

En los jardines se encuentra una de las fuentes que Cayetano da Costa diseñó para instalar en el interior del edificio y algunas ruedas de molino de las usadas en la antigua fábrica.

En el jardín aparece un globo terráqueo en bronce que tal y como figura en el catálogo del Patrimonio Historico-Artístico de la Universidad fue regalado en 1993 por Nueva Zelanda a la Universidad, tras ser expuesto por ese país durante la Exposición Universal de 1992. En aquel pabellón, un haz de luz atravesaba el globo uniendo Nueva Zelanda y España para mostrar que ambos países se encuentran en extremos opuestos de la Tierra y que cada uno representa la antípoda del otro.