Parque Guadaira Cauce Antiguo
Un poco de historia

La construcción del Parque Guadaira Cauce Antiguo ha sido posible gracias al convenio firmado entre la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y el Ayuntamiento de Sevilla.
Aunque dicho convenio establecía iniciar las obras en 2006 con el objetivo de presentar el nuevo espacio ajardinado a principios de 2009, el parque no estuvo terminado hasta 2014, año en que abre sus puertas a todos los ciudadanos.


El nuevo parque –con una superficie de unas 66 hectáreas y una longitud de unos 3,7 kilómetros– discurre desde la dársena del Guadalquivir en Heliópolis hasta la carretera de Utrera, sobre el antiguo cauce del río Guadaira (el lecho por el que discurría el río antes de ser desviado hacia el sur para proteger la ciudad de las inundaciones).
El antiguo cauce fluvial –zona paisajísticamente muy degrada, vertedero en el que se acumulaban escombros y basuras– se ha convertido en un nuevo parque.


Delimitado por un vallado tubular y recorrido por una vía peatonal y un carril bici, el Parque Guadaira Cauce Antiguo es un nuevo pulmón verde que se constituye en zona de conexión entre dos parques anteriores: Bermejales y Ribera del Guadaíra.
Además, uno de los objetivos del nuevo parque es que actúe como elemento de cohesión de la zona sur de la ciudad, como nexo de unión e integración de los barrios –tan dispares– que forman la parte meridional de Sevilla.


Guadaira Cauce Antiguo está diferenciado en dos zonas con características paisajísticas distintas: una a modo de bulevar, la otra como si se tratara una dehesa.
El bulevar se extiende por la zona oeste del parque, la más estrecha de todo el recinto. Se ha ajardinado utilizando numerosas especies de carácter ornamental: ceibos o árboles de coral, bauhinias, cedros, arboles del amor, liquidámbar, ginkgos, ombúes, palos borrachos, pinos de oro, cipreses de los pantanos, jacarandas, árboles de Júpiter, ciruelos de Japón…
La dehesa ocupa el espacio más ancho en la zona este del parque. Poblada por pinos, acebuches, algarrobos y encinas, aparece como un paisaje menos urbano y más natural que el bulevar.
La olmeda que recorre todo el recinto proporciona unidad a todo el parque.
Fresnos, olmos, sauces, álamos, álamos blancos y almeces, rememoran el paisaje fluvial original de la zona. A ello contribuyen varias lagunas acompañadas de vegetación de ribera, que permitirán recuperar parte de la avifauna que existió en el Guadaira.


También la torre del Molino de Torreblanca –resto de los molinos que aprovechaban la fuerza hidráulica del río para realizar la molienda del trigo– evoca el ambiente fluvial que durante generaciones permitía obtener la necesaria harina.
En relación al proyecto inicial –que fue modificado en el periodo en que se paralizaron las obras del parque– no se han construid ni el Palacio de la Música ni el Museo del Agua. Tampoco los huertos familiares y escolares, ni las instalaciones deportivas.
Pero es un parque joven, con todo su potencial por desarrollar.