Parque Miraflores

El Parque de Miraflores es un claro ejemplo de cómo los espacios ajardinados pueden constituirse en elementos esenciales en la articulación de las ciudades y en la integración social de sus ciudadanos. Miraflores es un parque diferente, en el sentido de que fue la acción organizada de los propios vecinos lo que impulsó de forma definitiva la creación del parque y la que exigió que su diseño respondiera a las necesidades de la zona con el desarrollo de programas sociales que pudieran realizar las personas de los barrios próximos. El mayor parque de Sevilla, se ha convertido en un importante núcleo sociocultural que aglutina a los vecinos de los barrios que existen en torno a esta singular zona verde.

Enclavado en el norte de Sevilla, el Parque de Miraflores está delimitado por núcleos residenciales en su flanco oeste (Pino Montano y San Diego, entre otros) y núcleos industriales en su flanco este (polígonos industriales Store y Calonge).

El parque se ha construido en dos fases, en momentos históricos muy diferentes: la fase I (Miraflores Sur) se ejecutó en los años 80 del siglo XX, la fase II (Miraflores Norte) se construyó al final de la primera década del siglo XXI. Y entre ambas ejecuciones se construyó la Ronda Urbana Norte que enlazaba los extremos de la ronda de circunvalación SE-30: el parque quedaba dividido en dos por una vía de circulación de vehículos.

 

Miraflores Sur

Los ciudadanos crean un parque que responde a sus necesidades sociales

Durante siglos, la zona que ocupa el Parque Miraflores era un área rural con huertas  y pequeñas construcciones. Y como tal llegó hasta la mitad del siglo XX.

A finales de los 60 y principios de los 70 del pasado siglo, en esta zona se edifica un conjunto de núcleos urbanos que –como la mayor parte de los construidos en la periferia de la ciudad en aquella época– presenta serias deficiencias urbanísticas. La zona que el Plan General de Ordenación Urbana de 1962 calificaba de verde –el futuro Parque Miraflores– se había convertido en un insalubre vertedero de escombros.

Durante el verano de 1983, algunos vecinos del distrito se reúnen de manera informal para analizar los graves problemas que existen en la zona, que no son pocos: ausencia de zonas verdes, vertido de escombros en lo que debía ser zona verde, insalubridad generada por el depósito de basuras, caótico desarrollo urbanístico que generaba núcleos humanos sin identidad, carencia de actividades socioculturales, etc. Los núcleos de vecinos más activos constituyen el Comité Pro Parque Educativo Miraflores, asumiendo que el elemento clave para cambiar dicha situación es la participación ciudadana. Frente al riesgo de que la zona sea recalificada como urbanizable, los vecinos toman conciencia de la necesidad de iniciar la construcción del parque y, en consecuencia, inician contactos con las autoridades municipales, a la vez que denuncian y paralizan el vertido de escombros que se producía de forma incontrolada en la zona. La acción del Comité Proparque recordará a la administración que la construcción del parque llevaba ¡veinte años de retraso!

Los ciudadanos elaboran su propio proyecto, con un objetivo perfectamente definido: un parque que sea mucho más que una zona verde, que tenga carácter participativo, cultural y educativo, que responda a sus necesidades sociales, que recupere las señas de identidad de la zona.

En 1984 comienza la remodelación del territorio con obras de desescombros y configuración topográfica.

En 1985 el Comité Proparque envía al Ayuntamiento documentación sobre los restos arqueológicos e históricos que existen en la zona –prácticamente desconocidos hasta la fecha– solicitando que sean catalogados de interés historicoartístico y que queden integrados, por su gran valor educativo, en el parque. Son los propios ciudadanos los que exigen a la administración que adopte las medidas necesarias para conservar su patrimonio cultural.

En 1986 comienzan las plantaciones y en 1987 concluyen las primeras obras de acondicionamiento de los terrenos. La ciudad dispone de un nuevo parque, una zona verde de 90 hectáreas.

A principios de los 90 se pone en marcha la Escuela Taller de Miraflores y el Programa Huerta las Moreras.

En los años noventa empieza a realizarse un programa de restauración de los bienes históricos y culturales presentes en el parque.

En 1996 se declara Bien de Interés Cultural el conjunto de yacimientos, restos históricos y construcciones del Parque Miraflores.

En 1997 se recupera el histórico puente alcantarilla que cruzaba el arroyo Tagarete.

El parque, núcleo sociocultural de la zona

La asociación de ciudadanos que forma el Comité Proparque Educativo Miraflores está desarrollando en el propio parque, con ayuda del Ayuntamiento de Sevilla, dos programas que responden a las necesidades sociales, educativas y de empleo de los vecinos de los barrios próximos: la Escuela Taller Miraflores y el Programa Huerta las Moreras. Son programas culturales y medioambientales que potencian las relaciones sociales, la solidaridad y la integración de los vecinos. Su sede se encuentra en la Casa de las Moreras del parque.

La Escuela Taller Miraflores desarrolla programas para la formación ocupacional y la contratación temporal de jóvenes en paro que permitan su inserción sociolaboral. Los programas de albañilería, carpintería, pintura y jardinería hacen posible la restauración y rehabilitación del patrimonio histórico del parque, tal y como se está realizando en el Cortijo Miraflores.

El Programa Huerta las Moreras, con carácter sociocultural y educativo, ha puesto en funcionamiento las antiguas huertas. Más de 100 parcelas, llamadas Huertos de Ocio, permiten a los vecinos cultivar verduras y hortalizas. Existen, además, huertos, invernaderos escolares e itinerarios pedagógicos por el parque que, dentro del marco de la educación medioambiental y la agricultura ecológica, permiten que los niños aprendan a cultivar la tierra, establezcan una relación cercana con el medio, comprendan los problemas medioambientales que existen y conozcan el patrimonio cultural de su entorno.

El parque presenta una gran riqueza historicoartística

El Parque de Miraflores se asienta sobre las antiguas fincas de la Hacienda de Miraflores y la Huerta Albarrana, huertas que, desde época romana, suministraban alimentos y agua a Sevilla.

Se han encontrado restos de asentamientos romanos del siglo I después de Cristo que, dada la gran fertilidad de estas tierras por el agua que proporcionaba el arroyo Tagarete, debieron formar parte del cinturón de villas rurales que abastecía a la ciudad.

En época árabe se creó un eficaz sistema de regadío formado por pozos con noria, albercas para almacenar el agua extraída y acequias para distribuirla. El equilibrio en este sistema hidráulico se conseguía gracias a la red de conductos subterráneos que comunicaba las aguas de los diferentes pozos.

Es posible que el Cortijo o Hacienda Miraflores se construyese sobre restos islámicos pues una de sus torres tiene características almohades (del siglo XIII). Pero el edificio es posterior: se levantó en el siglo XIV o XV, y progresivamente se fue ampliando.

Entre otras estancias, el caserío disponía de casa del capataz, caballerizas y molino de aceite. El molino de aceite, con su característica torre de contrapeso, se construyó en el siglo XVIII, confiriendo al cortijo el papel de hacienda de olivar. El molino dejó de funcionar en torno a 1930.

Muy cerca de esta edificación se encuentra el secadero de tabaco, que fue levantado a mediados del siglo XX.

El caserío de la Huerta de la Albarrana, que posiblemente data del XIX, fue demolido en su totalidad en 1986. Sobre sus restos se levantó en 1997 un nuevo edificio.

Junto a la Casa de las Moreras, existe un pozo noria y la alberca correspondiente, construidos hace unos 400 años (posiblemente a principios del siglo XVII). La noria, de tracción animal, sacaba agua del pozo y la vertía en la alberca de donde partía una acequia de riego. La noria es una reconstrucción actual de la original.

Aunque hubo un sistema de pozos, norias y aljibes anteriores, los restos que se conservan en el parque son más modernos pues su fábrica original corresponde al siglo XVI, XVII y XVIII.

A lo largo de la historia, el agua de estas tierras ha sido esencial en la vida de la ciudad de Sevilla.

Desde la fuente que existía en la Finca de la Albarrana –que era propiedad del Hospital de la Sangre o de las Cinco Llagas– partía un sistema de canalización que llevaba el agua hasta dicho hospital.

El texto de 23 de Julio de 1627 refleja la situación en el siglo XVII: 

"ley la peticion de El doctor Jofre de Loayssa administrador de el hospital de la Sangre en que dize que el dicho hospital tiene por bienes suyos una guerta que llaman la albarana en termino desta ciudad al paso que llaman miraflores y en la dicha guerta nace una fuente de agua que sirbe de regar la guerta y la que sobra muere en el tagarete y trata de traer la dicha agua encanada al dicho hospital para el serbicio de los pobres y tiene necesidad para ello de hazer una pared con dos arcos junto al alcantarilla que la ciudad tienen en aquel paso y abrir el camino para la caneria pide licencia como pareze por la petizion".

(El puente sobre el Tagarete en el paso de Miraflores, Alejandro Jiménez Hernández, Escuela Taller Miraflores).

El sistema estuvo funcionando hasta 1714, año en que Hospital perdió la propiedad de la huerta, aunque las cláusulas de compraventa de la finca imponían la conservación del sistema de conducción de agua y su libre disposición para el hospital, cualquiera que fuera el nuevo propietario de la finca, lo que ha permitido que pozo y aljibe lleguen hasta nuestros días.

Se diseño un complejo sistema hídrico con la construcción de varias arcas de agua, de las que se conservan tres. Las arcas son depósitos de agua construidos en ladrillo, cubiertos por bóvedas de cañón, con puerta de acceso, que captan el agua del manantial, de escorrentía y del pozo noria mediante canalización subterránea. Del conjunto de arcas partía un sistema de conducciones subterráneas –una de las cuales fue descubierta durante la construcción de un aparcamiento subterráneo en el vecino barrio de San Diego–  que proporcionaban agua al Hospital de la Sangre.

Especial interés tiene la recuperación del puente alcantarilla (puente pequeño) pues es el único que se ha conservado de los nueve que cruzaban el arroyo Tagarete.

Construido en ladrillo y provisto de tres grandes arcos de medio punto, el puente estuvo enterrado bajo la carretera del antiguo camino de Miraflores durante muchos años. Fue en 1996, al realizarse la excavación para recuperar el antiguo cauce del arroyo Tagarete que atravesaba en épocas pasadas el parque, cuando se descubrió que la estructura del puente se había conservado bajo el tablero del puente que existía en esa zona. Tras desmontar las estructuras modernas y realizar labores de desenterramiento, el puente alcantarilla original quedó al descubierto en 1997.

La construcción del puente alcantarilla puede establecerse entre finales del siglo XV y 1627. Y aunque ha sufrido profundas reformas a lo largo de la historia, la fábrica original ha llegado a nuestros días.

Tras el terremoto de Lisboa de 1755, el puente tuvo que remodelarse para paliar los daños provocados en su estructura.

En 1898, para evitar que quedara cortado durante las crecidas del Tagarete, el puente sufre una profunda remodelación: se eliminan las pendientes de sus rampas soterrándolas, se coloca un nuevo tablero sobre la construcción original y se instalan barandillas de hierro. La imagen del puente cambia radicalmente, de triangular con pendiente a rectangular horizontal.

En el periodo 1936-1961, para permitir la circulación de vehículos, se realizan nuevas modificaciones: mayor soterramiento de la estructura original y colocación de un nuevo tablero superior.

En los años 80, para solucionar de forma definitiva que la ciudad de Sevilla volviera a inundarse, se realiza la última remodelación de la red fluvial de Sevilla, con la desviación de los arroyos Tagarete y Tamarguillo unidos en un solo caudal. El cauce del Tagarete quedaba definitivamente desprovisto de agua en la zona del Parque Miraflores; tan sólo recogía el agua de las huertas. El puente pierde funcionalidad, y la calzada que lo cruza lo deja prácticamente enterrado bajo varias capas de asfalto, escoltadas por quitamiedos de chapa metálica. Sólo queda un arco, prácticamente oculto y cegado.

El puente original, olvidado y oculto, fue recuperado en 1997 en el marco general de actuaciones realizadas en el Parque Miraflores.

Junto al puente alcantarilla, los pozos noria, los aljibes, las torres de la hacienda, así como los restos de época romana, forman un conjunto de gran valor histórico. Ha sido declarado Bien de Interés Cultural, y precisa programas de restauración y conservación.

 

 

 

En el parque

Miraflores Sur (también denominado Miraflores I por ser el primero que se ejecutó) es un parque configurado por suaves lomas, amplios paseos, extensas explanadas, un canal y un par de lagunas.

El canal creado artificialmente, que discurre por el antiguo cauce del arroyo Tagarete antes de que éste fuera desviado durante la obra hidráulica de protección a la ciudad, pone de manifiesto que no ha mucho tiempo la zona estaba estrechamente ligada al Guadalquivir y sus afluentes.

El canal drena en la laguna grande, elemento paisajístico fundamental del parque. La laguna pequeña, al igual que la grande, tiene su origen en la depresión creada por la extracción de materiales realizada antes de la ejecución del parque. El sistema está interconectado y alimentado por el agua de manantiales y pozos del propio parque.

El antiguo camino de Miraflores que atravesaba esta zona se ha convertido en una gran avenida peatonal asfaltada que recorre buena parte de este espacio.

Pero posiblemente lo que más sorprende al visitante que no conoce Miraflores Sur es la singular imagen que aparece cerca de la Hacienda Miraflores, una escena que nos acerca a nuestras propias raíces: los vecinos de la zona cultivando verduras y hortalizas en los llamados Huertos de Ocio.

Estas huertas producen tomates (Lycopersicum esculentum), patatas (Solanum tuberosum), zanahorias (Daucus carota), pimientos (Capsicum annuum), ajos (Allium sativum), cebollas (Allium cepa), calabacines (Cucurbita pepo), espinacas (Spinacia oleracea), acelgas (Beta vulgaris), lechugas (Lactuca sativa), pepinos (Cucumis sativus), berenjenas (Solanum melongena), yerbabuena (Mentha sativa), perejil (Petroselinum hortense), etc.

Cerca, en la Huerta de la Albarrana, se ha creado un sencillo jardín estructurado en parcelas, cada una dedicada a una determinada especie vegetal (moreras, higueras, madroños, granados, etc.).

Jacarandas, tipuanas, pinos de oro, falsos pimenteros, paraísos, catalpas, acacias de Constantinopla, acacias blancas, jaboneros de la China, sóforas, árboles del amor, mimosas, braquichitos, cedros, cipreses, plátanos de sombra, almeces, almeces de Virginia, moreras, olmos, chopos, eucaliptos, pinos piñoneros, olivos y el singular ficus Ficus virens, entres otras especies, se encuentran en este parque.

Áreas de juegos infantiles, pistas de patinaje, zonas deportivas y amplias áreas arboladas para veladas en el extremo sur permiten hacer un uso variado del parque.

 

Miraflores Norte

 La creación de un nuevo sistema de comunicación en torno a la ciudad de Sevilla (SE-30) dentro del marco de actuaciones de la Exposición Universal de 1992, al construir la Ronda Urbana Norte como conexión entre los extremos de la SE-30, dividió drásticamente el Parque Miraflores en dos áreas: zona sur (ajardinada desde finales de los 80) y zona norte (entonces, un descampado poblado de escombros).

En 2008 se realizan labores de remodelación del terreno y se instala sobre la SE-30 una extensa plataforma que une el parque existente (Miraflores Sur) con lo que iba a ser su ampliación (Miraflores Norte) proporcionando continuidad a ambas zonas. La SE-30 queda por debajo, a modo de falso túnel, escoltado por cuatro mosaicos de azulejos que aluden a actividades tradicionales relacionadas con la zona.

En 2009, cuando el parque aún no está terminado ni abierto, muchos vecinos entran en el parque en un intento de que las obras se agilicen. Abierto, sin vigilancia y sin mantenimiento, se producen destrozos y depósitos de basuras en el mismo.

En 2011 se inaugura el Parque Miraflores Norte (también denominado Miraflores II por ser resultado de la segunda fase de ejecución). Ambos parques quedan separados por la Ronda Urbana Norte y unidos por una gran plataforma peatonal horizontal que se extiende sin solución de continuidad entre ambos.

En principio el nuevo parque –con 45 hectáreas– no es más que la ampliación definitiva en la zona norte del parque previsto hacía décadas, pero cuya construcción sólo se realizó en la parte sur. Dado que la zona en la que se asienta esta segunda fase constituía un espacio de transición entre el campo y la ciudad, parecía razonable esperar la creación de un parque que permitiera usos rurales del mismo.

Pero no ha sido así.

Miraflores Norte presenta un diseño radicalmente diferente de Miraflores Sur. Uno y otro parque tienen características muy diferentes.

Un diseño singular, y a primera vista muy atractivo visualmente. Plataformas multicolores y caminos escoltados por azulejos de tonalidades diversas proporcionan una identidad propia a Miraflores Norte.

Sin embargo las enormes plataformas de cemento en llamativos colores rojos, naranjas y azules no parecen ser la mejor respuesta en una ciudad que presenta un durísimo clima estival. Las plataformas de cemento multicolores no deben quedar como áreas vacías (y algunas ya se han convertido en pistas de deportes).

Los caminos peatonales y el carril bici –pintados en tonos verdes, azules y rojizos– resultan muy atractivos al estar escoltados por azulejos multicolores y por pequeños muros de piedras sostenidos por rejillas (poco resistentes).

En el nuevo parque se ha creado un canal –rememorando el antiguo cauce del Tagarete– que drena en un lago artificial.

Dos zonas de juegos infantiles, una zona de actividades biosaludables, algunas instalaciones deportivas (como canastas de baloncesto) en las plataformas forman parte del equipamiento del parque.

La vegetación está formada por especies autóctonas y especies exóticas.

Entre las primeras se encuentran algarrobos, encinas, olivos, higueras, pinos piñoneros, tarajes y, junto al canal, álamos negros y álamos blancos.

Las especies exóticas que se han plantado son, entre otras, acacias blancas, cinamomos, falsos pimenteros, pinos de oro, braquichitos, jacarandas, acacias, acacias de tres espinas, eucaliptos, pica-picas, catalpas, parkinsonias y washingtonias.

Se han creado parcelas de plantas aromáticas (con tomillo, lavanda y romero) y parcelas dedicadas a otras especies (adelfas, madroños, lantanas y olivillas). Y amplias praderas que dan al parque un aire campestre.

Miraflores Norte es un parque joven y, como tal, tiene que desarrollarse y madurar hasta adquirir su propia personalidad. Para que conserve la identidad con la que ha nacido –muy diferente a la del resto de parques de la ciudad– habrá que prestar especial atención a que las grandes plataformas de cemento y los mosaicos de azulejo no se agrieten por los cambios de temperatura y conservar la pintura que, dada la ejecución efectuada, se va perdiendo con el tiempo. Será necesario potenciar la presencia de la vegetación arbórea y de las praderas para mitigar el impacto visual y la sensación de dureza que le confieren las plataformas de cemento, a pesar de su atractivo colorido.

Miraflores Norte será un parque de gran atractivo visual si el desarrollo de su vegetación se realiza de forma adecuada.