Parque de La Ranilla
Un poco de historia

Las obras del nuevo espacio ajardinado comenzaron en 2010, pero la paralización de las mismas entre los años 2011-2015 no permitió inaugurar el Parque de La Ranilla hasta abril de 2016.

El nuevo parque se asienta en el espacio que ocupaba la antigua Prisión Provincial de La Ranilla (posteriormente denominada Centro Penitenciario Sevilla 1), cárcel levantada en 1933 durante la Segunda República en la que, tras la Guerra Civil, se encarcelaron a numerosos represaliados políticos.

En 1990 dejó de ser prisión provincial y fue convertida en centro para presos de tercer grado, tornándose más social y permeable. Un año más tarde una nueva tragedia se producía en el recinto: una bomba de la banda terrorista ETA explotaba en el escáner del servicio de paquetería, matando a cuatro personas (un funcionario de prisiones, dos reclusos y un visitante).

En 2007 el edificio es abandonado y en 2008 comienza su demolición.

El nombre de cárcel de Ranilla o de la Ranilla, que rememora la cercana y desaparecida Venta de Ranilla, deriva del arroyo Ranillas (nombre que también recibía el Tamarguillo antes de la remodelación hidrológica realizada en el entorno de la ciudad de Sevilla). El arroyo, que discurría por detrás del edificio, se desbordó en 1961 e inundó el barrio de Nervión.

El diseño del nuevo parque –escoltado por el nuevo centro cívico y por la sede de la Jefatura de la Policía Local– evoca la planta de la antigua prisión, un lugar para la memoria histórica.

Así, los caminos principales del parque se han trazado siguiendo los ejes principales de la antigua prisión (en un intento de dejar huella de la planta del recinto penitenciario) y dos hileras de pérgolas con estanques rectangulares recuerdan que en esta zona se encontraban las celdas del módulo 3, aquellas en las que se recluía a los presos políticos.

Además se ha conservado el que fuera pabellón de ingreso de la prisión, foco esencial del parque que, aunque todavía no se ha rehabilitado, estará destinado a la realización de diferentes actividades socio culturales.

El espacio ajardinado, bajo la dirección arquitecto Francisco Barrero, ha sido estructurado geométricamente mediante paseos pavimentados, caminos de albero, zonas de juegos infantiles, mobiliario urbano, estanques y fuentes. Un canal, que evoca la presencia del Tamarguilo en la zona, enlaza las entradas norte y sur del recinto.

En sus 27.000 m2 crecen estoraques, braquichitos rojos, falsos pimenteros, washingtonias de tronco fino (que son las que existían en los patios de la antigua prisión), cipreses, jacarandas, sóforas, falsas pimientas, araucarias, ciruelos de Japón, pitosporos, adelfas, cotoneaster, lavandas, abrótanos hembra, romeros, lirios amarillos, pinos, una casuarina, naranjos, plátanos de sombra, nísperos, rosales, bahuinias, álamos blancos, pinos de oro, almeces, aligustres matizados, encinas, olivos, arboles del amor, lantanas, durillos y otras especies.
Hoy –donde hace pocos años se levantaba un recinto penitenciario– se desarrolla un nuevo espacio ajardinado, el Parque de la Ranilla.