Parque Ribera del Guadaira
Un poco de historia

El parque

El proyecto original para la construcción del Parque Ribera del Guadaira se presentó en 2006 –Informe de Viabilidad del Acondicionamiento Ambiental del Parque de las Riberas del río Guadaira en Sevilla– con el objetivo de regenerar las márgenes del río Guadaira y recuperar la calidad ambiental de esa zona, que se encontraba aislada del núcleo urbano por la red ferroviaria y viaria que la circundaba, lo que había potenciado su degradación y marginalidad.

La ejecución del proyecto, modificado, comenzó en 2007 y concluyó a finales de 2010. En 2011 Sevilla disponía de un nuevo parque.

La superficie del Parque Ribera del Guadaira –54 hectáreas– fue estructurada en tres grandes zonas:

a) Zona oeste, enclavada entre la SE-30 y la ciudad. Con una superficie de 17 hectáreas, presenta dos áreas perfectamente diferenciadas.

La parte sur es una zona ajardinada que, recorrida por un carril bici, presenta césped con catalpas, palos borrachos, olivos, árboles del amor y algunas encinas.

La parte norte es una zona de albero, reticulada por la disposición de ficus (Ficus australis) y jacarandas alineadas que delimitan pequeñas parcelas que permiten la instalación de un mercadillo ambulante.

b) Zona este, ubicada en la orilla izquierda del Guadaira. Aunque se realizaron diversas plantaciones en sus 8 hectáreas, ha quedado desvinculada de la zona de paseo tras desaparecer parte de la vegetación próxima a la ribera como consecuencia, entre otras causas, del pastoreo incontrolado.

c) Núcleo central, situado entre el río Guadaira y la SE-30. Con unas 29 hectáreas, corresponde al parque propiamente dicho.

El parque tiene un gran atractivo paisajístico.

Presenta una ribera muy agradable, grandes zonas de césped, caminos de tierra, viales pavimentados y algunos caminos recubiertos con tablones de madera integrados en el entorno (que sin embargo rápidamente experimentaron un proceso de pudrición por no haberse sometido al tratamiento adecuado). Un carril bici y una vía perimetral permiten recorrer todo el recinto.

Un parque de aire paisajista que presenta algunas zonas estructuradas con vegetación recortada (con salados, olivillas y lentiscos) y suelo pavimentado en un intento de generar espacios diferentes.

Aunque gran parte del arbolado es de origen exótico, su distribución genera un paisaje atractivo formado por pequeños bosques, formaciones adehesadas, masas de matorral denso y pequeñas masas de arbustos recortados.

Hay algarrobos, acacias de tres espinas, almeces, melias, tipuanas, eucaliptos blancos, pinos piñoneros, casuarinas, acebuches, olmos, sóforas de Japón, cipreses, arboles del amor, catalpas, parkinsonias, algún olivo del paraíso, alguna encina, algunos alcornoques, algunos ciruelos de Japón, mimosas péndulas (Acacia pendula) únicas en Sevilla, perales de flor (Pyrus calleryana) y algunos sauces llorones (Salix babylonica) que persisten de la plantación inicial.

El matorral está formado, entre otras especies, por adelfas, lentiscos, madroños, durillos, ruscos, mirtos, romeros, lantanas, lavandas, olivillas, retamas, salados, jaras y palmitos.

En la ribera proliferan fresnos, álamos blancos y chopos, con carrizos y juncos formando una densa vegetación que proporciona refugio a numerosas aves acuáticas en las orillas del Guadaira. Además, a lo largo de uno de los arroyos se desarrolla un bosquete formado por grandes tarajes (plantación de Tamarix gallica realizada afínales de los años 90).

Durante la construcción del parque se restauraron varios azudes, pequeñas presas que limitan el poder erosivo del río y permiten que el agua pueda acceder a las acequias o canales que parten del cauce principal para regar las zonas próximas o para abastecer a los molinos. Precisamente, la construcción de uno de los azudes hace posible que el agua se desvíe y pase por el Molino de los Teatinos.

La remodelación del cauce del Guadaira, el encauzamiento del río, se ha realizado protegiendo los taludes con piezas de cemento perforadas que, a modo de puzle y rellenas de tierra, permiten que la vegetación herbácea se desarrolle ocultando el soporte instalado. De esta forma se consigue estabilizar los taludes del cauce y que la ribera presente un aspecto natural, aunque difícilmente podrán desarrollarse árboles de ribera en la orilla del río.

El parque presentaba amplios estanques con agua con formaciones circulares de nenúfares que le proporcionaban gran atractivo. Sin embargo, tras su apertura, sin vigilancia, estos espacios fueron rápidamente degradados; hoy sólo quedan tristes contenedores rectangulares llenos de piedras. Sin vigilancia, parte de las maderas que formaban los caminos han sido expoliadas.

Grave problema de accesibilidad

El Parque presenta un grave problema de accesibilidad: sólo un túnel bajo la SE-30 lo comunica con la ciudad y el carril bici que desde el núcleo urbano llega a la Universidad Pablo Olavide. La integración del parque en la vida de la ciudad exige que se facilite el acceso al mismo.

Molino de San Juan de los Teatinos

Singular importancia tienen los restos del Molino de San Juan de los Teatinos: molino harinero hidráulico, que utilizaba la fuerza del agua del río Guadaíra para mover las piedras que molían el trigo y convertirlo en harina.

Probablemente ya funcionaba en época musulmana (propiedad, posiblemente, del ciudadano Almofadet). Tras la conquista cristiana pasó a ser propiedad de Ferrand Pérez de Portocarrero y, al morir éste, de su viuda María Alfonso Tisón, razón por la que se conoce desde el siglo XIV con el nombre de Molino de Tizón.

Es posible que al correr de los años llegara a manos de la Orden de Clérigos Regulares, cuyos miembros eran conocidos como teatinos, lo que daría lugar al nombre que ha llegado a la actualidad (aunque también es posible que se produjera un error popular entre esta orden y la de los Jesuitas). Fuera como fuere, lo cierto es que en el siglo XVIII pertenecía a los Jesuitas hasta que fue expropiado en 1767 (por la expulsión de dicha orden religiosa de España).

Inicia entonces una compleja historia de uso industrial que implica una serie de reformas y ampliaciones estructurales: a finales del XVIII se convierte –bajo la dirección del conde de Aranda– en fábrica de pólvora e industria de barrenar cañones utilizando como fuerza la corriente hidráulica (pero el proyecto fracasa y el barrenado se traslada a la Real Fundición de Artillería de Sevilla).

En el siglo XIX vuelve a dedicarse a fabricar pólvora, hasta que una explosión destruyó las instalaciones. Ese mismo siglo se reconstruye el edificio, decorándolo en estilo neogótico.

En el siglo XX es adquirido por Domínguez Limón para convertirlo en aserradero de mármoles. Tras cesar la actividad queda como hacienda particular y en los años sesenta es abandonado.

En el proyecto original para la construcción del Parque Ribera del Guadaira se planteaba la reconstrucción del Molino de los Teatinos para convertirlo en centro de interpretación del parque y del río Guadaira. Pero no se hizo.

Lo cierto es que no tiene mucho sentido construir prácticamente todo un edificio de nueva fábrica (y en estilo actual, según figuraba en el proyecto inicial) para conservar las ruinas arquitectónicas que han llegado a la actualidad pues los restos del Molino de San Juan de los Teatinos aparecen con enorme fuerza paisajística, testigos de unas formas de vida distintas, de un pasado que parece lejano. Es necesaria, sin embargo, una nueva intervención que conecte los diferentes edificios y potencie el valor estético de los mismos. Y, lógicamente, evitar el abandono que sufren que acelera su degradación.

Además, el Molino de Teatinos marca el punto más bajo del cauce natural del Guadaira; aguas abajo el río fue desviado y canalizado en el marco de las obras hidráulicas de protección de la ciudad de Sevilla frente a las inundaciones.