Palacio de San Telmo

 

Orígenes

La construcción del Palacio de San Telmo comenzó en el siglo XVII con la finalidad de albergar el nuevo Colegio de la Universidad de Mareantes, consagrado –hasta 1841– a la enseñanza de los oficios y artes relacionadas con la navegación.

En 1681 se funda en Sevilla –con el patrocinio de la Corona– un Real Colegio para enseñar a los niños las artes de la marinería y se adjudica la gestión del mismo a la denominada Universidad de Mareantes, asociación de los dueños, capitanes, maestres y pilotos de los navíos mercantes que desarrollaban su actividad profesional en el mar.

La sede de la asociación se encontraba situada en el barrio de Triana, pero dado que era de reducidas dimensiones, tuvo que construirse un edificio de mayor tamaño, eligiéndose un solar situado fuera de las murallas, en la zona sur de la ciudad (terrenos de la Inquisición donde se encontraba un arrabal, una ermita y un convento), junto al Guadalquivir.

En una primera fase constructiva dirigida por Antonio Rodríguez –desde el año 1682 hasta el 1707– se levanta menos de la mitad del actual edificio, con las aulas y dormitorios necesarios para alumnos y docentes. Desde los primeros años, en el Real Colegio Seminario de la Universidad de Mareantes de San Telmo se enseñan los oficios y artes relacionadas con la navegación.

Aunque se proyecta un edificio de planta rectangular con cuatro torreones en sus esquinas, pasará largo tiempo hasta que adquiera esa estructura.

En el periodo 1721-1724 el arquitecto Leonardo de Figueroa reinicia las obras, levanta la capilla, realiza importantes cambios en la planificación del edificio y lo amplía.

Entre 1730 y 1734, Leonardo de Figueroa y su hijo Matías de Figueroa construyen la portada principal, obra maestra del barroco. Doce esculturas que representan las asignaturas que estudiaban los mareantes (astronomía, geografía, náutica, cronología, geometría, pintura, aritmética, arquitectura, escultura, música…) muestran las Ciencias y las Artes que se enseñaban en el recinto para formar a los marinos que partirían a las Indias. En el cuerpo superior, san Fernando y san Hermenegildo acompañan al patrón de los navegantes, San Telmo.

En 1787 el Ministerio de Marina adquiere el edificio, mantiene su carácter de colegio de náutica y sigue ampliándolo bajo la dirección del arquitecto Lucas Cintora.

En 1841 se suprime el colegio de San Telmo, tras más de un siglo y medio de enseñanza náutica.

Unos años más tarde, en 1847, el edificio se adscribe al Ministerio de Comercio e Instrucción y sólo se utiliza parcialmente (por la Sociedad del Ferrocarril y la Universidad Literaria).

Palacio de San Telmo 1860

Palacio de los Montpensier

En 1848 los Duques de Montpensier llegan a Sevilla y se instalan provisionalmente en el Palacio Arzobispal hasta terminar las obras de acondicionamiento de su residencia en el Alcázar. Un año más tarde, en 1849, compran al Estado el inconcluso y deteriorado edificio del Colegio de San Telmo para convertirlo en su residencia. Poco después amplían los terrenos del palacio al adquirir el convento de San Diego (convertido en fábrica de curtidos desde 1784) y las huertas limítrofes (huerta de la Mariana, huerta de la Isabela).

Los Montpensier emprenden profundas obras de remodelación y de nueva planta para transformar todo el recinto –el viejo edificio y sus huertas– en un palacio rodeado de jardines, elegante y noble. Será el arquitecto Balbino Marrón el que dirija la remodelación interna y las obras de las fachadas (creación de las fachadas norte, este y sur), transformando el palacio (doscientos años después de iniciada su construcción) en un recinto acabado, cerrado sobre si mismo y –al eliminar las edificaciones adheridas al edificio– autónomo.

La Infanta de España María Luisa Fernanda de Borbón –hermana de la reina Isabel II– y su esposo Antonio Felipe María de Orleans –hijo del rey de Francia Luis Felipe y duque de Montpensier– llegan a España huyendo de la revolución francesa de 1848 y desarrollan en Sevilla una gran actividad social y política. Pretenden crear una auténtica corte en su palacio de San Telmo. Los Montpensier despiertan recelos en Madrid, no sin motivos; quieren alcanzar la Corona de España.

Culto, sociable y cordial, Antonio de Orleans tenía una enorme fortuna que administraba con gran eficacia. En Sevilla era conocido como Duque Naranjero porque vendía las naranjas del Palacio de San Telmo y como Mesié Combián (“señor cuanto”) porque siempre estaba preguntando el precio de todo.

En 1868, ante la grave situación económica, social y política del país, Isabel II es destronada por los generales Serrano y Prim, que asumen la Regencia y la Presidencia del Gobierno. Buscan un rey para España.

El duque de Montpensier, Antonio de Orleans, colaborador en el derrocamiento de Isabel II, cree que ha llegado el momento y presenta su candidatura al trono. Pero fue rechazado, entre otros motivos, por haber dado muerte –en duelo– a su primo Enrique de Borbón, al que retó tras ser públicamente ofendido.

Fue elegido Amadeo de Saboya, hijo del rey de Italia Víctor Manuel II. Pero el nuevo rey tiene que renunciar a la Corona de España al carecer de los apoyos políticos necesarios.

Las Cortes proclaman en 1873 la Primera República, que tampoco fue capaz de resolver la gravísima situación en la que se encontraba sumergido el país.

El duque de Monstpensier –que había sufrido varios destierros temporales por conspirar contra la reina y el Estado, e instigado el asesinato de Prim– todavía aspiraba a la Corona de España.

Pero en 1874 los generales Pavía y Martínez Campos restauran la Monarquía en el hijo de Isabel II, Alfonso XII, que llega a España en 1875.

Una nueva oportunidad se presento para que los duques de Montpensier se situaran en el ambiente más influyente de la corte española: Alfonso XII –a pesar de lo poco acertado que parecía el enlace desde el punto de vista político– contrae matrimonio con su prima María de las Mercedes, hija de María Luisa de Borbón y Antonio de Orleans.

La boda –18 de enero de 1878– creó una aureola de romanticismo en torno a la pareja. Seis meses más tarde, la joven reina, María de las Mercedes, con 19 años, muere de fiebres tifoideas. El sueño del duque de Montpensier de ocupar la Corona de España, en propia persona o a través de sus herederos, desaparece definitivamente.

Pero su hija María de las Mercedes perviviría en el romancero popular tras su boda con el rey. En 1948 Quintero, León y Quiroga inmortalizaron su historia mediante la copla Romance de la Reina Mercedes:

«Una dalia cuidaba Sevilla
en el parque de los Mompansié,
ataviada de blanca mantilla
parecía una rosa de té.
De Madrid con chistera y patillas
vino un real mozo cortesano
y a Mercedes besó en las mejillas
pues son los niños primos hermanos
Un idilio de amor empezó a sonreír
mientras cantan en tono menor
por la orillita del Guadalquivir
María de las Mercedes
no te vayas de Sevilla,
que en nardo trocarse puede
el clavel de tus mejillas.
Que quieras o que no quieras,
y aunque tú no dices nada,
se nota por tus ojeras
que estás muy enamorada
Rosita de Andalucía
amor te prendió en sus redes
y puede ser que algún día amor
te cueste la vida,
María de las Mercedes.
Una tarde de la primavera
Merceditas cambió de color
y Alfonsito, que estaba a su vera,
fue y le dijo:
–¿Qué tienes, mi amor?

Y lo mismo que una lamparita
se fue apagando la soberana,
y las rosas que había en su carita
se le volvieron de porcelana.
Y Mercedes murió empezando a vivir,
y a la plaza de Oriente, ¡ay dolor!,
para llorarla fue todo Madrid.
María de las Mercedes
mi rosa más sevillana,
¿por qué te vas de mis redes
de la noche a la mañana?
De amores son mis heridas
y de amor mi desengaño
al verte dejar la vida
a los dieciocho años.
Adiós, princesita hermosa,
que ya besarme no puedes.
Adiós, carita de rosa,
adiós, mi querida esposa,
María de las Mercedes
En hombros por los Madriles,
cuatro duques la llevaron
y se contaron por miles
los claveles que le echaron
Te vas camino del cielo
sin un hijo que herede.
España viste de duelo
y el rey no tiene consuelo
¡María de las Mercedes!»

El duque de Montpensier moriría en 1890 y la duquesa siete años más tarde.

Antes, en 1885, el joven rey, Alfonso XII, muere de tuberculosis. Su segunda esposa, María Cristina de Habsburgo, se hará́ cargo de la Regencia hasta la mayoría de edad de su hijo, Alfonso XIII, en 1902. El reinado de Alfonso XIII conduce a la dictadura de Primo de Rivera, 1923. En 1931 se proclama la Segunda República.

Duques de Montpensier

Duques de Montpensier

San Telmo con los Montpensier

San Telmo con los Montpensier

San Telmo con los Montpensier

Fernando VII en los Jardines

Alfonso XII

María de las Mercedes

Jardines de San Telmo

Tras emprender las reformas del edificio, los duques de Montpensier contratan al jardinero francés Lecolant para que cree unos jardines en las huertas del palacio. Nacen, así, en el periodo 1850-1857, los Jardines del Palacio de San Telmo, jardines para la corte que surge en torno a los duques.

Lecolant –que construirá otro jardín para los Montpensier en Sanlúcar de Barrameda– traza en la zona próxima a palacio unos jardines ordenados y regulares, delimitados por setos recortados siguiendo las pautas de la jardinería francesa. Pero, influido por el estilo de los jardines ingleses, realiza un tratamiento paisajista, con un fuerte carácter romántico, en el resto del jardín.

El jardín romántico del Palacio de San Telmo presentaba zonas agrestes y pequeños bosques atravesados por senderos que discurrían de forma sinuosa, grutas y un cerro artificial (Monte Gurugú en el actual Parque María Luisa), con elementos arquitectónicos antiguos y construcciones exóticas como el pabellón de estilo islámico en una isleta rodeada por ría (la Isleta de los Patos en el actual Parque María Luisa). En los jardines había esculturas (entre ellas la de Fernando VII, actualmente en el monasterio de Santa Clara), pajareras, invernaderos y edificios acristalados, una estufa, albercas con plantas acuáticas (Estanque de los Lotos en el actual Parque María Luisa), rías, puentes, saltos de agua, fuentes, cenadores y zonas con aparatos para realizar ejercicios físicos. También existían edificaciones –creadas Balbino Marrón– para exhibir el ganado selecto y posiblemente, en el jardín arqueológico, restos romanos y sepulcros medievales en referencia a las victimas de Don Juan Tenorio.

Las zonas más alejadas de palacio conservaron el carácter del huerto original, con naranjos, limoneros y mandarinos. Amplios paseos escoltados por árboles y conectados mediante glorietas comunicaban estas zonas con las más cercanas a palacio.

Los jardines se extendían desde el Palacio de San Telmo por todo el actual Parque de María Luisa hasta la zona en la que se encuentra actualmente la Casa Rosa. El recinto quedaba rodeado por huertas, por el Prado de San Sebastián donde pastaba el ganado y los jardines de las Delicias.

Finales del XIX: la infanta María Luisa de Borbón dona los jardines a la ciudad

En 1893 la Infanta María Luisa de Borbón, duquesa viuda de Montpensier, dona a la ciudad los Jardines de San Telmo (unas 18,5 hectáreas), excepto una pequeña extensión que permanecerá vinculada al palacio.

Se crea un nuevo paseo –actual avenida de María Luisa– para separar el palacio, de los jardines cedidos a la ciudad (que se convertirán a principios del siglo XX en el Parque de María Luisa). Ello supuso la demolición del antiguo Convento de San Diego que hasta entonces había alojado las cuadras, almacenes y dormitorios de servicio del palacio.

Ese mismo año de 1893 en que la infanta María Luisa dona los jardines, el arquitecto Juan Talavera edificó para la guardia de seguridad del palacio un pequeño castillete en el extremo sur del recinto: el denominado Costurero de la Reina.

En 1895 se termina la fachada norte del palacio. Sobre la balaustrada de la fachada norte se colocan los doce personajes de sevillanos ilustres realizados en 1895 por Antonio Susillo por encargo de los Duques de Montpensier, un año antes de que el genial escultor se suicidase con 41 años.

Los personajes sevillanos esculpidos –9 de nacimiento y 3 sevillanos de adopción (Arias Montano, Ponce de León y Martínez Montañés)– son, de izquierda a derecha mirando la fachada desde el exterior, los siguientes: el defensor de los derechos de los indígenas en América Bartolomé de las Casas, el tercer duque de Alcalá y propietario de la Casa de Pilatos Fernando Enríquez de Ribera, el pintor Bartolomé Esteban Murillo, el escritor Arias Montano, el héroe en la Guerra de Independencia Luis Daoíz, el poeta Fernando de Herrera, el historiador Ortiz de Zúñiga, el dramaturgo Lope de Rueda, el fundador del Hospital de la Caridad Miguel de Mañara, el pintor Diego Velázquez, el noble Rodrigo Ponce de León y el escultor Martínez Montañés.

La Infanta María Luisa de Borbón –fallecida en 1897– legó el Palacio de San Telmo a la Archidiócesis de Sevilla, que tres años más tarde lo convirtió en seminario pontificio.

 

Palacio y jardines en el siglo XX

El Arzobispo de Sevilla en 1900 convierte el Palacio de San Telmo en seminario para la formación de nuevos sacerdotes.

Muy pronto, en 1910, el Comité́ de la Exposición Hispano-Americana intenta adquirirlo para que sea propiedad de la ciudad. El acuerdo está cerca de cerrarse, pero no se produce. El seminario perdurará hasta el año 1989.

Casi al mismo tiempo, en 1911 –con el objetivo de que en los jardines donados por la infanta pudiera desarrollarse la Exposición Iberoamericana– Forestier inicia la transformación del espacio ajardinado creando el Parque de María Luisa, que fue inaugurado en 1914.

Mientras tanto, aunque Juan Talavera remodela el edificio del palacio para agregar más aulas y dormitorios, el antiguo palacio continúa degradándose. En carta de 6 de junio de 1921 el médico del Seminario Francisco Navarro escribe que este centro no reúne las necesarias condiciones higiénica para el objeto a que esta destinado pues se producen numerosos casos de paludismo, se observa una exageración en las afecciones bronco-pulmonares, las aguas que lo surten provocan epidemias de fiebres tíficas.

En los años veinte del siglo XX Basterra lleva a cabo nuevas obras que alteran profundamente la estructura y herencia cultural del edificio.

En 1926, el Ayuntamiento de Sevilla adquiere 60.000 m2 de los Jardines de San Telmo para instalar en ellos, durante la Exposición Iberoamericana de 1929, los pabellones de Chile, Uruguay, Perú, Estados Unidos y de Sevilla. Los jardines de San Telmo se reducen a su actual extensión.

En 1952 el palacio sufre un grave incendio y un año más tarde el arquitecto Illanes del Río tiene que realizar un proceso de restauración y obras de nueva construcción.

A finales de los cincuenta San Telmo –además de seminario para la formación de nuevos sacerdotes– se convierte en Escuela de Magisterio “Cardenal Spinola” (posteriormente denominada Escuela Universitaria del Profesorado “Cardenal Spinola”) que desarrollaría su actividad docente durante medio siglo, y también en Centro de Estudios Teológicos.

En 1962 –con el objetivo de incrementar la ocupación residencial del seminario– el arquitecto Galnares construye una serie de compartimentos y estancias (las llamadas camarillas) en el marco de una intervención que constituye la mayor agresión arquitectónica a la naturaleza histórica del palacio.

En los años sesenta los jardines tampoco se libraron de la búsqueda de espacio: se taló casi una hectárea de árboles para crear un árido campo de fútbol y vender la madera obtenida (aunque dicha venta no pudo realizarse por el mal estado en que se encontraban los árboles talados).

El edificio –que había sido fragmentado interiormente de forma caótica con intervenciones que carecían de sentido constructivo y que se encontraba en lamentable estado de conservación– es declarado, con sus jardines, Monumento Histórico Artístico en 1968.

En 1989 el Arzobispado de Sevilla cede el Palacio de San Telmo a la Junta de Andalucía. El edificio se encuentra en un estado de conservación lamentable; sus estancias no conservan prácticamente nada de lo que fuera el Palacio de los Monstpensier.

Tras la restauración y rehabilitación inicial del edificio realizada por el arquitecto Vázquez Consuegra, en 1992 el palacio se convierte en sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía.

Estado del Palacio de San Telmo a finales del siglo XX

Palacio y jardines en el siglo XXI

En los primeros años del siglo XXI –periodo 2005-2010– Vázquez Consuegra, tras demoler gran parte del interior del edificio, concluye la restauración, rehabilitación, reconstrucción y nueva edificación del palacio, mediante una arquitectura actual al servicio de la memoria histórica del edificio.

En cuanto a los jardines del propio palacio, nada del primitivo jardín de los Montpensier llegó al nuevo milenio. Sólo sobrevivieron un conjunto de árboles –zapotes, almeces, palmeras datileras, cipreses, melias, moreras de papel, jacarandas, washingtonias de tronco fino y algunos olmos, parte de ellos enfermos– dispuestos contra el cerramiento, delimitando un desolado erial.

Vázquez Consuegra, con la colaboración de la paisajista Teresa Galí, crea el jardín actual del Palacio de San Telmo.

Es un jardín de nueva creación en el que se ha remodelado el terreno para crear zonas más elevadas y espacios rehundidos, con una gran pérgola ornamental cubierta de plantas trepadoras, con albercas que, con sus láminas de agua, reflejan la monumentalidad del edificio. En el jardín coexisten zonas de albero y zonas pavimentadas, la geometría cartesiana y la geometría ondulante potenciada por bancos semicirculares de acero galvanizado.

En sus 18.020 m² crecen árboles antiguos y ejemplares de nueva plantación: washingtonias de tronco fino, palmeras datileras, almeces, olmos, melias, cipreses, yucas, palmeras canarias, laureles, plátanos se sombra, robinias, arces, ombúes, jacarandas, aligustres, latanias, tipuanas, casuarinas, cocos plumosos…

Entre los ejemplares antiguos destaca una enorme ombú o árbol de la bella sombra Phytolacca dioica que, en sí mismo, se constituye en punto focal del jardín. Entre las especies introducidas destaca el conjunto de palmeras de la jalea Butia capitata que, como el ombú, es de procedencia sudamericana.

La pérgola y el cerramiento están ornamentados con plantas trepadoras: buganvillas, bignonias rosas y bignonias azules, entre otras.

Herbáceas y arbustos cubren las elevaciones que se han creado modelando la superficie natural del terreno, provisto de un sistema de riego por goteo y protegido por una malla antihierbas. La plantación inicial resultaba especialmente llamativa por su aspecto multicolor, aunque se dispusieron juntas especies con necesidades ecológicas diferentes (en cuanto a requerimientos de luz o sombra, a tolerancia y necesidades hídricas), con potenciales de crecimiento distintos. Por ello, si no existe una atención continua y un mantenimiento constante, mientras que unas especies proliferen otras desaparecerán, distorsionando la imagen proyectada del jardín.

Plantación proyectada para 2010

El nuevo jardín es esencial para dotar de carácter al palacio, objetivo prioritario de la intervención.

En opinión de sus autores, el jardín refleja la historia del propio espacio. Y sostienen que puede definirse como un conjunto de jardines dentro de un mismo jardín, lo que resulta sencillamente… pretencioso.

Lógicamente, el jardín separado de las calles que lo rodean por un pequeño muro o tapial, escoltado exteriormente por plátanos de sombras y robinias, es un jardín que mira a palacio: un jardín cerrado.

Cerrado en todos los sentidos: aunque es patrimonio de todos los andaluces no puede accederse a él.

Estado del Palacio de San Telmo en 2010