PARQUE SAN JERÓNIMO

 

En la zona norte de la ciudad, junto al meandro de San Jerónimo, se encuentra el parque del mismo nombre, un espacio ajardinado de más de 140.000 m2 en el que, durante los años que precedieron a la Exposición Universal, se cuidaron, estudiaron y aclimataron las especies que reforestarían la Isla de la Cartuja durante el certamen internacional de 1992.

Presidido por el colosal monumento a Cristóbal Colón, el parque tiene un diseño geométrico y, sin embargo, presenta áreas paisajísticas y una zona dedicada a huertos de carácter ecológico.

 

Centro de aclimatación de especies americanas, parque nuevo

El Parque de San Jerónimo ha quedado íntimamente ligado a los procesos de forestación de la Isla de la Cartuja con motivo de la celebración de la Exposición Universal de 1992. Durante los años que precedieron a aquella fecha emblemática, estos espacios formaban un conjunto de viveros en los que crecían, se estudiaban y se aclimataban las plantas que transformarían el recinto Expo 92. Aquí, las especies que llegaron desde América a través del Programa Raíces, recibieron los cuidados necesarios para que, tras ser trasladadas a los diferentes espacios que configuraron la Exposición Universal, pudieran crecer y desarrollarse en ellos.

El espacio físico de lo que sería un nuevo parque quedó configurado durante la remodelación urbanística que experimenta Sevilla con motivo de la Exposición del 92: levantamiento del aterramiento de Chapina y prolongación de la dársena hasta el meandro de San Jerónimo (aterrándolo al final del mismo). De esta forma la ciudad incorporaba parte del cauce fluvial que permanecía aislado de la población.

Tras realizar diferentes plantaciones, el antiguo vivero se convierte en un nuevo parque que abre sus puertas en 1995.

 

El monumento a Colón

El monumento a Cristóbal Colón, obra de Zurab Tsereteli, es una donación del ayuntamiento de Moscú a la ciudad de Sevilla. El conocido como Huevo de Colón es una escultura gigantesca que, en bronce, supera los 30 metros de altura. Dentro de una estructura ovoidal chapada en cobre, aparece Colón con un mapa entre sus manos sobre el que emergen las tres carabelas.

Tsereteli, que designó al conjunto con el nombre de El nacimiento del hombre nuevo, regaló en 1994 una réplica de pequeño tamaño (de 1,62 metros de altura) a la Unesco.

La colosal escultura del parque, que pesa más de 600 toneladas, se trasladó en barco, desmontada, desde San Petersburgo al puerto de Santurce y, desde aquí a Sevilla, mediante treinta y siete camiones especializados en el transporte de mercancías de gran tamaño. Fue inaugurada en 1995.

Durante los primeros años del siglo XXI tuvo que ser reparada pues había sufrido diferentes tipos de actos vandálicos.

Réplica de Tsereteli en la sede de la Unesco

Levantamiento del monumento a Colón tras su llegada a Sevilla

Foto de Tagarete http://antcastillog.blogspot.com.es/2009/07/el-huevo-de-colon-ii.html

 

Diseño geométrico abierto hacia el río, áreas paisajísticas y huertos de ocio

Junto a la que fuera puerta principal de acceso al parque, antes de entrar en el mismo, hay un Centro de Interpretación del Río y una pequeña zona en la que se han plantado especies propias de las riberas fluviales (álamos blancos, chopos, álamos negros, fresnos de hoja estrecha y sauces).

El parque está estructurado a partir de un paseo longitudinal del que parten ejes transversales que se dirigen, por un lado, al río, constituyéndose en miradores de la lámina de agua y, por otro, hacia las huertas de ocio que existen dentro del recinto. Aunque la intersección de los paseos transversales con el paseo principal estructura el recinto de forma geométrica, el tratamiento de los parterres a modo de praderas y las suaves ondulaciones que describe el terreno proporciona una imagen naturalista al recinto.

El paseo longitudinal, en albero compactado, recorre el parque desde una de sus entradas hasta la gran rotonda en la que se levanta la escultura a Cristóbal Colón, elemento monumental que determina el diseño del parque.

El monumento, que se eleva en el centro de un gran estanque circular provisto de surtidores, da lugar a una gran plaza circular que está rodeada por olmos bola. Tras ella hay cipreses, cipreses de Arizona, cipreses híbridos, casuarinas, encinas y alcornoques.

El paseo principal está ornamentado con una alineación doble de naranjos amargos y dos filas de fresnos de flor que cerca del monumento son sustituidos por aligustres de Japón. A lo largo del mismo, en los diferentes parterres, podemos ver espinos de fuego, granados, pitosporos, alteas, tarajes, adelfas y fotinias.

Los paseos transversales están escoltados por tipuanas y por aligustres de Japón. En los parterres encontramos zapotes, braquiquitos, pinos carrascos y piñoneros, almeces, un laurel de Indias, acacias de Constantinopla y árboles del paraíso.

En la zona limítrofe con la Estación Depuradora de Aguas Residuales, se ha creado una pantalla vegetal con braquiquitos para aislar la depuradora del Parque y paliar el impacto visual y odorífero que provoca.

Cerca se encuentra una amplia zona del parque dedicada al cultivo ecológico de hortalizas y verduras: son los Huertos de Ocio, conjunto de parcelas que laboran de forma ecológica los vecinos de la zona. Junto a estos huertos, se ha creado un vivero forestal en el que proliferan especies autóctonas de nuestras sierras (encinas, alcornoques, etc.).

Frente a los huertos se ha instalado un árbol fotovoltaico que, diseñado con forma de trébol de cuatro hojas, aprovechará la energía solar y, cuando esté en funcionamiento, verterá la energía eléctrica producida la a la red eléctrica general.

En la zona opuesta del parque se encuentran un área de juegos infantiles, acompañada por olmos y fresnos.

Tras la remodelación realizada en 2009, el parque ha quedado unido con la ribera que discurre a sus pies mediante varias rampas de suave pendiente. De hecho, con gran acierto en el diseño, el parque, la ribera y las zonas próximas, forman una zona verde continua de gran valor paisajístico.

En la zona de ribera, hay álamos blancos, álamos negros, almeces, adelfas y tarajes. En la zona del aterramiento de la dársena, que está perfectamente comunicada con la rotonda del monumento a Colón, hay grandes eucaliptos y zonas de pradera.

 

La remodelación de principios del siglo XXI

En el marco del Proyecto de Acondicionamiento Ambiental y la Reforestación de las Riberas del Guadalquivir de La Confederación Hidrográfica del Guadalquivir y la Gerencia de Urbanismo del Ayuntamiento de Sevilla, se ha podido realizar una profunda transformación de la zona que, paralela a la calle José Galán Merino, antecede al Parque de San Jerónimo.

Se ha eliminado el muro de hormigón que aislaba la dársena de los barrios próximos. La serie de terrazas y espacios duros, inconexos e infrautilizados, que separaba el nivel superior, urbano, del río, ha sido sustituida por un sistema de praderas y caminos asfaltados de color amarillo que con suaves pendientes conecta la calle con la lámina de agua. Se ha conseguido la incorporación visual del río a los barrios próximos, aproximar la dársena a la propia ciudad y crear un nuevo espacio verde que presenta continuidad con el propio parque.

Este conjunto de praderas se integra en el sistema de espacios libres de la margen izquierda de la dársena del Guadalquivir, de modo que ya es posible desplazarse a lo largo de toda la dársena desde el Puerto de las Delicias hasta el Parque de San Jerónimo. El proyecto de recuperar toda la margen izquierda de la dársena como un espacio peatonal, con mayor o menor acierto según los tramos, se ha conseguido.

Además, se ha construido una pasarela peatonal sobre la dársena que conecta el Parque de San Jerónimo con el Parque del Alamillo. Dedse 2011, la dársena ha dejado de ser una barrera de separación entre ambos espacios para constituirse en elemento central de los mismos, que los articula y comunica.

Las praderas, elementos esenciales en la remodelación de toda la zona, están acompañadas por fresnos, pinos piñoneros, árboles del amor, braquichitos, encinas y naranjos que forman pequeños bosquetes, álamos negros, palmeras datileras en las zonas de acceso, almeces, algún alcornoque, un árbol del fuego, una casuarina, washingtonias de tronco fino, y cerca de la lámina de agua algunos eucaliptos, algunos álamos blancos, una acacia tres espinas, una tipuana y una parkinsonia.

En 2011 el Parque de San Jerónimo quedó ampliado con un agradable conjunto de praderas que integró el parque en la ciudad y con la dársena del Guadalquivir.

Pero sigue siendo imprescindible eliminar el impacto visual que genera el tendido eléctrico y las torres de alta tensión que existen en la zona.

 

Ribera poética

En la ribera de San Jerónimo encontró una atmósfera singular Gustavo Adolfo Bécquer. En una de sus Cartas, nos cuenta:

“En Sevilla, y en la margen del Guadalquivir que conduce al convento de San Jerónimo, hay, cerca del agua, una especie de remanso que fertiliza un valle en miniatura, formado por el corte natural de la ribera, que en aquel lugar es bien alta y tiene un rápido declive. Dos o tres álamos blancos, corpulentos y frondosos, entretejiendo sus copas, defienden aquel sitio de los rayos del sol, que rara vez logra deslizarse entre las ramas, cuyas hojas producen un ruido manso y agradable cuando el viento las agita y las hace parecer, ya plateadas, ya verdes, según del lado que las empuja. Un sauce baña sus raíces en la corriente del río, hacia el que se inclina como agobiado de un peso invisible, y a su alrededor crecen multitud de juncos y de esos lirios amarillos y grandes que nacen espontáneos al borde de los arroyos y las fuentes."